miércoles, 17 de abril de 2013
Sun
No sé lo que me hace falta. Me lo pregunto mientras miro desde mi silla la estanteria llena de libros. Cada fila tiene el mismo número: 22,22,22,22,22,22 y en la de abajo, 14,14,14,14,14,14. En la última, esa que no puedo ver desde aquí, está el primero: 1,1,1,1,1,1. Las grapadoras rotas y después mi mesa, con demasiados papeles. Es una forma de aparentar que estoy ocupado, pero me paso el tiempo pensando qué hacer. Grandes sueños, pero ninguna esperanza. Lo mismo da. Estoy en esa fase, la fase en la que las pesadillas empiezan a hacerse realidad. Lo bueno es que cuando se cumplen, bueno, tampoco son tan terribles, aunque siguen molestando, a fin de cuentas esa es su misión principal. Me aburren cada vez más cosas, supongo que así es como empieza uno a suicidarse, no encontrando satisfacción en nada ni en nadie. Me imagino como irá creciendo mi cota de descontento desde el "no tengo amigos, que triste estoy", hasta el "no merece la pena seguir". Sí, cada vez estoy más convencido de que me suicidaré un dia de estos, no antes de los 27, pero tampoco mucho después. Últimamente siento que fracaso en todo lo que hago, que todo lo que toco se convierte en una mierda monumental, cuando de pequeño era un niño simpático, con muchas expectativas, y era tímido como ahora, pero tenía una sonrisa muy bonita y siempre iba bien peinado y no decía palabrotas y no sabía el significado de muchas palabras aunque empezara a leer desde muy temprano y no supiera que hay gente mala o gente que simplemente no tiene nada que decirte y que no te quiere y te hace daño queriendo o sin querer, pero eso no importa, porque lo que importa es que cuando me miro al espejo no hay nada que me guste, ni por dentro ni por fuera, y recurro a mis héroes de infancia o a algunos héroes nuevos, inventados, para tener otros modelos, para saber que a pesar de todo, las cosas pueden ser de otra manera pero nunca funciona, porque todo sigue siendo igual. Entro nuevamente en un chat, pero no hablo con nadie y lo desconecto a los dos minutos, pero me sirve para dar por perdida la batalla, para poner un nuevo dia de inicio en las fechas de recuperación. El último día no fue año nuevo, sino hoy. Nada. Solo ruido. Ruido que crece. Desearía que mis timpanos pudieran estallar, para no escuchar nada del mundo que me rodea, pero esto es la imagen patética y ridícula, estereotipada de un suicida de libro. Los suicidas de verdad no hablan de morir, simplemente se matan. Yo no soy de esos, simplemente me aburro y me doy placer de maneras diversas. Pocas cosas me importan, y las que me importaban están dejando de hacerlo, supongo que eso me convierte en una mala persona, por olvidar, por no tener en cuenta, por no comparar tu situación con la mia y por no pensar que los cumpleaños, el tuyo, pueden no ser siempre felices. Me acuerdo de Eva, según Facebook, hoy es su cumpleaños, pero no voy a felicitarla, porque no tengo nada que decirle y porque no quiero ser uno de esas personas que te felicitan sin sentirlo de verdad, de esas que no le dan valor a las palabras o quizá yo le doy demasiado y tendría que frivolizar y decirlas más a menudo, yo que sé. No sé como seguir una conversación después de los primeros cumplidos, no sé comunicarme de una manera sincera, lo que me hace pensar que posiblemente yo sea como todos los demás, no tan diferente, sólo lo mismo pero de otra manera, por lo general mal explicada y me pongo a seguir a todo el mundo en Twitter, sin ni siquiera mirar el nombre, simplemente pulsando la palabra "seguir" como si eso me hiciera sentirme mejor, cuando en realidad no me hace sentir nada y sólo me recuerda que estoy en la tercera planta de la sala de ordenadores de la universidad, escribiendo un poco porque no tengo otra cosa mejor que hacer y porque quiero olvidar la mañana de hoy que ha sido larga y tediosa y desagradable porque me han dicho que lo que escribí no vale que lo único que vale es el esquema, que eso si se puede salvar pero que lo demas es arbitrario y sin metodo y yo me rio y les doy la razon, porque la tienen y porque no tengo muchas mas alternativas y me dicen que me deje de hacer literatura y que me centre en mi tesis porque no explico las cosas bien y nuevamente sonrio sin decir nada aunque me molestan sus palabras, pero no como molestan las de una persona que te cae mal sino como aquellas que no te queda más remedio que aceptar, con una cierta resignación, y me dan animos en cierta manera y me preguntan antes de empezar por mi padre y yo les cuento que lo operaron la semana pasada y que esta saliendo de la fase crítica pero que aún queda mucho por delante y me doy cuenta de que uno de ellos tiene la voz un poco ronca y me imagino que tendrá un poco de gripe o un resfriado, pero se me olvida preguntar y empezamos con el repaso y yo tomo notas de todo y me voy convenciendo de que tengo que hacer las cosas mejor, de que a pesar de todo no soy un idiota, de que tengo que sacar lo que quiera que sea que tengo dentro de mí y sentirme un poco más feliz, porque me paso todo el dia allí y no tengo más refugio que un buen trabajo, lo que hace que mi vida, en realidad, sea algo bastante llano y simple, como el horizonte que me gusta ver por las tardes, cuando he terminado con mis cervezas y camino solo y entonces acabamos con el repaso, y resulta que tengo que rehacerlo todo, pero con método, porque he escrito al azar, sin criterio, entonces antes de volver a mi despacho me llama y me dice que entre a su oficina y entonces me dice no es algo fácil de decir, pero que me lo tiene que decir y yo me asusto y me dice que no me asuste y yo digo "vale" y me callo y sonrio y entonces el empieza a contarme que varias personas le han dicho que tengo un problema con mi olor corporal y la verdad, no lo entiendo porque yo me ducho todos los dias y me pongo desodorante y me cambio de ropa a diario y desconozco porque me dicen eso y le cuento que bueno, que cuando hace calor, en fin, lo llevo peor que otras personas y que en cierta manera me siento mal por aquellos que se han sentido molestos, pero es un consejo para el futuro, asi que no te lo tomes a mal pero solucionalo y entonces me empiezo a acordar de que eso era lo que me decían de pequeño para meterse conmigo, decian "aquí huele mal" sin referirse a mí, como si yo fuera un apestado, y entonces me sentía triste, porque no sabía qué habia hecho para que la gente me tratara así y todos los que lo decían eran los que jugaban de delanteros en los partidos de fútbol del recreo y los que no me elegían o me elegían de defensa o de portero, porque son los que menos tocan el balón y los que menos les molestan a la hora de hacer filigranas, resultó que con el tiempo, uno de esos niños estaba trabajando en una cafetería y me saludó con modestia, porque seguramente era un buen tipo, aunque de niño era horrible, más o menos como todos los niños y en fin, yo no tengo porque guardarle rencor a nadie, aunque a veces tengo ganas de odiar a algunas personas hasta el dia en el que se mueran ellas o me muera yo. Decido ir esta tarde a comprarme una buena colonia y un buen desodorante, porque ellos también huelen a su manera, pero a mí no me gusta discutir y esto se me pasará en un par de tardes, tampoco tengo que dramatizar en exceso, porque no se lo merecen ellos ni, por supuesto yo, aunque me cuesta pensar que yo no me merezco algo, porque siempre se puede mejorar y siempre se pueden aceptar las criticas constructivas y me distraigo mirando twitter o facebook, pero no hay ninguna novedad, por más que me empeñe en quererlas, en desearlas, en que pase algo diferente, pero hace tiempo que perdí el poder intrínseco en los deseos, y me falta comunicacion, pero eso ya lo sabia y fui yo quien le pedí cambiar, porque sé que me aislo y que no hablo y que la gente piensa que soy un bicho raro o quizá no lo piensa pero como no hablan conmigo no saben qué libros me gustan, qué música me gusta o qué películas me gustan y entonces la única referencia que tienen es el olor y después me lo dicen y yo me siento mal, aunque quiera convencerme de que no tengo que darle tanta importancia, pero lo cierto es que me da mucha verguenza, y no me ayuda nada a dejar de tenerle miedo a los demas. Pero a los demas no les importa que yo tenga miedo o lo pase mal porque como no me conocen, no estoy tan cerca de ellos y sólo soy un compañero, pero no puedo culparles de eso, no puedo echarle a nadie la culpa de ser débil, de tener miedo y de estar triste, aunque me gustaría hacerlo, porque eso me quitaría un poco de peso de encima y, quién sabe, quizá eso me ayudaria a ser un poco mas feliz, porque me cuesta mucho serlo, porque cada dia me da la sensación de que empiezo de cero y de que todo se puede romper y es que aún sabiendo como soy, me niego a asumirlo, puede que si supiera que tengo limitaciones, que soy un ser gris, sin mayores cualidades que las de quejarse o jugar a ser alguien interesante, todo fuera mas sencillo, pero me gustan las cosas complicadas y las chicas complicadas y los libros complicados porque lo facil me aburre enseguida, pero no tengo que enfadarme por eso, todo cambiará y encontraré mi lugar tarde o temprano, pero pienso que mas vale temprano, porque no sé si tendré la paciencia suficiente para que la vida despliegue sus opciones, y, pienso, no tengo mas opciones que esperar, esperar a todo, a que mi padre se recupere, a que pueda dar con la tecla adecuada en mi tesis, a que alguien me lea y piense que esto merece la pena o a que una chica se de cuenta de que necesito ayuda y compañia, sí, tengo que esperar a todo eso, porque no tengo energias para cambiar, no tengo ganas de promover una pequeña revolución y eso que lo intenté antes de que mi padre se fuera al hospital, iba a correr a la universidad y hacía pesas, pero me aburri de correr solo y de no tener más alicientes que los que yo solo me pusiera y dejé de ir y ahora fumo pero sin estar enganchado, sin sentir ninguna necesidad de hacerlo, simplemente como algo que forma parte de mi paseo vespertino de camino al bar. Lamento todo eso. Lamento no sonreir. Me pregunto en que momento empece a sentirme así de mal, porque tuve una epoca en la que parecia que se me había pasado, y que pensaba que de nuevo volvia a poder sonreir, pero esto ha venido de golpe, sin avisar, como quien te da ventaja en una carrera que sabe que puede ganar de una manera muy facil, sin esforzarse, estoy más triste que nunca y no puedo compartirlo con nadie. Me sigo riendo, pero ya no significa lo mismo. Me rio, pero sólo por cumplir, y porque no se relacionarme de otra cosa, pero tampoco puedo contarle mis preocupaciones a nadie porque ellos ya tendran bastante con lo suyo y me gustaria enfadarme de verdad y gritar y llorar hasta que me duelan los ojos y pedir cariño o pedir ayuda o las dos cosas o las que la otra persona quiera darme, porque cada vez mas pienso que no tengo voluntad ni capacidad para exigirle nada a nadie y eso es lo que quiero, exigir, dar un golpe en la mesa y cruzar los brazos enfadado, como un niño pequeño, así, así me quiero sentir y que luego venga alguien y me diga: no estas solo, aunque me odies, yo te querré. Es incondicional. Las únicas personas que me dicen eso ahora estan lejos y sólo me lo pueden decir por teléfono, pero yo necesito un abrazo, sentirme protegido por una piel, aunque sea débil, eso da igual, y llorar y pensar que todo ha acabado, que ahora sí, podemos empezar otra vez, pero ahora de manera distinta, evitando los baches que siempre nos han hecho tropezar. Y mañana volveré a pasarlo mal. Y pasado. Y el fin de semana, cuando me quede en casa, me concienciaré de que tengo cosas que decir, de que hay trabajo que hacer y de que no me puedo rendir. Pero entonces, llegara el lunes y todo volvera a ser como antes, como siempre, terriblemente como nunca.
martes, 16 de abril de 2013
Disappear here.
Estoy encerrado en mi despacho. Me da miedo salir. Tengo cosas pendientes en la fotocopiadora, pero no quiero salir. No quiero arriesgarme a tener que hablar con alguien en ese espacio de cinco segundos entre la máquina y mi mesa. Me da miedo la gente. Cada vez más. Me dan miedo muchas cosas: la oscuridad, y los ruidos. Esos ruidos. Un pequeño crujir de mi cama. El silbido del agua en la manguera rota del jardín. La sensación de que alguien ha entrado en casa. Pero no hay nadie. No pasa nada. Nunca. Silencio. Y no puedo dormir. Mi habitación cada vez está más sucia, con más libros amontonados y las bolsas de los libros y los tickets de los libros y todos mis vaqueros viejos apelotonados en un rincón, y mi figura de Napoleón al filo de la mesa, a punto de caerse cuando el perro entra con ganas de jugar y lo lame, y las zapatillas de vaca sucias encima del mueble más alto para que el perro no las coja cuando entre con ganas de jugar y todas las demás repeticiones que veo todos los días. Ayer hablé con mi padre. Lloró. Es una mierda ver a tu padre llorar. Y lo es aún más cuando ni siquiera puedes verlo y tienes que conformarte con oirlo. Es una mierda comprobar que no es nada especial, sino que sólo es otro hombre más que sufre. Pensaba que su debilidad sería diferente, pero es idéntica a esa debilidad que siempre he tenido en mente. Es un dolor demasiado normal. Y yo querría que fuera distinto, que fuera sólo mio y que no lo pudiera comparar con el dolor de los demás. Quiero apropiarme del dolor, para que nadie se crea en el derecho de darme consejos porque "yo también pasé por eso". He visto llorar a mi padre demasiadas veces en demasiado poco tiempo. No me gusta. No me gusta sentirme tan vulnerable y tan lejano a la vez, pensando en mis propios problemas. Odio a la gente y la necesito, la odio y la necesito y me canso, es agotador, odiar y necesitar a la vez. Busco en internet antiguos conocidos, pero ni siquera me acuerdo de nadie: no tengo a nadie a quien echar verdaderamente de menos. Y no estoy de ánimo para conocer a gente nueva. Sólo puedo esperar que pasen los días, y que no pase nada raro y que, joder, joder, que cambie algo porque me ahogo, porque todo es demasiado igual, las caras, las palabras, las expectativas, los temores: son iguales y eso es aburrido. Llevo una semana seguida comiendo y cenando tallarines a la carbonara de sobre por la simple razón de que no me apetece cocinar y por la simple razón de que me hace gracia pensar que es comida de soltero y por la simple razón de que están buenos y por la simple razón de que son baratos y entonces me doy cuenta de que en mi vida hay demasiadas razones simples, que me faltan razones verdaderamente importantes para hacer algo en mi vida, pero sinceramente no sé donde buscar, o si tengo ganas de hacerlo. Supongo que los problemas me vienen por el miedo a la gente, por el miedo a tener una vida normal y feliz y con un perro y todo eso, pero no quiero ir al psicologo a hablar de todo eso. Ya fui. Y él no me dijo nada. Sencillamente se sentaba ahí delante con cara de aburrido y yo me limitaba a temblar y a mirar al suelo contándole algo sobre mi fobia social, intentando justificar los cinco minutos que el tipo me concedía. Pero creo que también he contado esto en otra ocasión, y ya no sé que cosas nuevas puedo contar: no dejo de imaginarme cómo sería todo si fuera diferente, si no me hubiera dado miedo ir a jugar a casa de otros niños cuando era pequeño o si alguien hubiera venido alguna vez a mis cumpleaños. Me limito a caminar, unos días con más humor que otros pensando siempre en lo mismo o no pensando nada en absoluto, pero eso me cuesta, porque siempre le estoy dando vueltas a cómo puedo contarle lo mismo a otra persona diferente, o la misma, en un intento de imaginar cómo sería mi vida si fuera contada por un extraño. Hace calor, demasiado, y yo no lo soporto bien, pero hoy me he puesto un jersey y el abrigo más pesado que tenía. Al salir lo pasaré mal, pero para eso faltan todavía unas cuantas horas. Acabo hablando de cosas insignificantes pretendiendo que en el fondo no lo sean, como si al hablar de mi abrigo y del calor estuviera diciendo algo verdadero sobre mi. Es idiota. Lo sé. También sé que no debería quejarme tanto. Y sé que no puedo dejar de hacerlo. Demasiadas contradicciones. No me gusta ordenar nada, especialmente mi vida, sólo la dejo que vaya por donde quiera. Últimamente reconozco que he perdido el control. Y es que no sé como llevar esta situación o esta manera de vivir, me da la sensación de que se están rompiendo demasiadas cosas, más de las que soy capaz de arreglar ahora. Tendré que conformarme con las ruinas, con los recuerdos mal construidos y con todas esas cosas que podrían hacer mi existencia un poco más entretenida. Y me avisan por mensajes, para quedar, para salir, para tomar algo, como si eso sirviera, como si emborracharme y vomitar y quedarme dormido y levantarme con dolor de cabeza o imaginar que me follo a cualquier tia cojonuda, o no tan cojonuda pero que se deje hacer fuera algo bueno. O algo útil. Y muchas veces pienso que no estoy solo, que hay mucha gente igual de triste que yo, con mis mismas experiencias, o parecidas, o distintas pero que quieren escucharme, pero no quiero relacionarme con ellas, no quiero que mis palabras dejen de ser privadas, que mis angustias puedan solucionarse, que no dé el nivel exigido de ingenio o intelecto para ser considerado interesante. Quiero estar tranquilo, y encerrado, y alejado de todo lo que signifique compartir, aunque eso signifique perderme demasiadas cosas. Da igual. Ya estoy demasiado lejos como para desandar el camino. No tengo ni idea de hacia dónde me dirijo, pero no me queda otra que seguir avanzando. Aunque a veces pienso que no avanzo y que lo único que hago es quedarme quieto, pensando en moverme, en hablar, en cómo serian las cosas si las hiciera de otra manera, si en lugar de decir lo que digo dijera lo que tú esperas oir y otras cosas por el estilo. Y no me quiero morir, no de esta forma, olvidado, sin ser querido, sin que nadie me diga te necesito, quiero hablar contigo, me gusta tu compañia, te quiero, te odio, sin que nadie me diga nada, sin ser más que una persona genérica que una vez se cruzó contigo pero que pronto olvidaste. Me da miedo caer en el olvido, sentirme rechazado, sentirme juzgado y abandonado. El fracaso. Por eso nunca le dije a Inés que me gustaba y cuando lo dije fue demasiado tarde y por eso dejé de hablar con Gemma cuando no fui capaz de decirle que me apetecía mucho invitarla a cenar o a tomar un café, porque en ella estaban todos mis años infantiles, aquellos tan horribles y que quería volver a escribir con ella, o con Mariona, a la que nunca he querido como a las otras, con la que la relacion es dificil porque sólo es por internet, porque tiene más opciones y puede salir y distraerse y me da envidia esa posibilidad de accion de entrar en ese juego en el que todos participan y en la que cada partida es diferente, me da miedo que deje de hablar conmigo por simple aburrimiento. Se lo he dicho y creo que mi profecia se cumplirá algún dia. Pero esto es volver a lo de siempre, a las chicas que no hablaron conmigo, porque no era lo suficientemente guapo o listo o pillo o malo o ingenuo o fuerte o salido o rico o alto o rubio o creido o agradable o sensible porque no era nada, simplemente una sombra. No puedo volver a hablar de lo mismo una y otra vez, porque lo que pasó está ahi, y no lo puedo cambiar, por mucho que me entretenga jugando a otros pasados posibles. Y el escote de la camarera de ayer, apretado con sus grandes tetas asomandose, y sus mallas negras, transparentando unas bragas grandes o un culotte pequeño, creo que negro, con grandes piernas y un culo redondo. Y alargo la primera pinta, no quiero beber mucho hoy, y entonces llega el encargado, que es el jefe de la camarera que también es su novio y yo me alegro porque el jefe no es el novio de la camarera que me gusta a mí, aunque no sé si ella tiene novio o no, seguramente sí, pero eso da igual, discuten y tiran cajas de carton al suelo, un vaso se rompe en la terraza y los dos se mueven a grandes zancadas con gran seriedad, sin dirigirse la palabra. A mi me da igual todo esto, pero prefiero esperar un poco antes de pedir otra pinta más. Por suerte llevo un libro en la chupa y me entretengo un poco. Esto es lo que significan los libros para mi, un sustitutivo social. Y entonces las cosas se calman y entra el jefe del encargado, que no sé si es su padre o simplemente su jefe, con su mujer pintada como una puerta, al estilo de la gente que tiene dinero y se cree en la obligación de demostrárselo a la gente y salen y fuman y después se van. La camarera le dice algo al chico gordo simpatico con peinado ridículo y pantalones cortos y mochila verde con una botella de agua y que se dedica a adivinar las canciones que ponen en el bar y éste se va. Ha ido a por cambio me dice a mi, y tambien me dice que la confianza da asco y que si sigo yendo por alli al final me mandaran a MÍ a por cambio y es entonces cuando yo pienso que eso tampoco esta tan mal y me acuerdo de la primera o las primeras veces que fui a ese bar, cuando tenía dos plantas y vi un striptease a medias de cinco tias rubias y cómo en aquel momento pense que no habría nada mejor que trabajar en aquel tugurio, rodeado de alcohol y tias buenas y más tias buenas diferentes y cobrar una mierda y despertarse con resaca o ir a trabajar con sueño, pero seguí estudiando y todo aquello se me olvidó y ahora estoy aquí, atrapado en una tesis que parece no avanzar, con mi padre en el hospital luchando por vivir y evitando los comentarios de los medicos capullos que se creen estrellas porque están en Valencia y tratan a la gente como números y no como seres humanos que sufren y que te dicen un dia una cosa y al otro te advierten de que las sonrisas sobran porque puedes morirte la semana que viene y que entran y salen sin decirte buenos dias y que te cambian la bandeja de la comida con esa comida de mierda sin ni siquera mirarte a los ojos, empujando la puerta con esos culos flacidos y feos mientras miran mascando chicle lo que tienes puesto en la tele de pago. A veces pienso que todo esto tiene que dar algún resultado, que en el fondo esto me conducirá a una paz total, en la que me case por la Iglesia con una buena mujer y tengamos algun perro y seamos buenos vecinos que ayudan a sus iguales y que discuten de vez en cuando porque ella tiene que corregir los planos de algun edificio y yo tengo que preparar una demanda para un caso de la semana que viene y no podremos ir a visitar a su amiga Rocio o Susana o Alejandra o como coño se llame. Con una familia política que me recuerde que ellos, a pesar de haber sido enseñados en las mejores escuelas y de haber tenido padres y abuelos con carreras, son gente amable y que pueden hablar de cosas sencillas y que no me dejen motivos para tomarles manía o para odiarlos, porque eso es lo que me gustaría hacer con ellos y con todas las personas que no han seguido el mismo camino que yo, con aquellos que siempre lo han tenido fácil y nunca han tenido dudas más allá de qué hacer con lo que siempre han tenido a la mano. Cuando son simpaticos es dificil odiarlos, y entonces me siento mal porque me siento un miserable envidioso, una lombriz enterrada en el barro que sólo tiene malos sentimientos, pero no los tengo, o quizá sí, ya no lo sé, es cosa del miedo, del miedo y me acuerdo de golpe de aquel chico joven, de 18 años, creo, que conocí una noche en la fiesta de despedida de Carina y que me dijo que estudiaba matemáticas y que cuando yo le dije que escribía mi tesis en filosofia me dijo que la filosofía necesitaba a las matemáticas y que recordara a Descartes, pronunciándolo bien, a la francesa "Decart", y que después se dedicó a lanzarle miradas inocentes a una de las alemanas rubias que nos acompañaban y a la que finalmente le dió un beso tan inocente como sus miradas y me acuerdo también de cómo aquella noche no me despedí de Carina porque ví a una tia de unos 40 años bailando en la tarima con un pendiente en el labio y un vestido corto negro y pensé que tenia opciones pero luego resultó que no, que pasó de mí y su amiga se puso entre los dos, su amiga negra y gorda también de la misma edad, que eran holandesas y que sus hijos estaban en el hotel y entonces, cuando me di cuenta de que había fracasado salí del bar y me dí cuenta de que había perdido el rastro de Carina y de sus amigas y de que mis posibilidades de echar un polvo aquella noche habian desaparecido y fue cuando volví solo a casa o a la esquina donde me recogerían o al sótano de la tienda a dormir o a cualquier otro lugar, ya no lo recuerdo. Carina volvió al verano siguiente, pero yo no fui con ella, porque en aquel tiempo una americana me estaba molestando bastante y porque, recuerdo, me dolía la espalda terriblemente y Carina se enfadó conmigo y yo me desilusioné de ella y acabé borrándola de Facebook, porque sentía que no me quedaba otra opción que enviarla a tomar por el culo. Se produce una desconexión entre mis sentimientos y mis gestos, porque soy incapaz de abandonar ese tono de voz un tanto agudo y de sonreir sinceramente cuando por dentro estoy hecho una mierda, soñando que puedo perder a mi padre (sueños en forma de palomas moribundas que me tapan todo el cuerpo y no me dejan moverme y es entonces cuando me fijo en que una de ellas es negra y de que son cuatro uno por cada miembro de mi familia y de que la negra puede ser mi padre, pero yo no quiero que sea él, yo quiero que vuele, que vuele alto y es entonces cuando se me ocurre una alternativa, la negra soy yo, cada vez más perdido en mis abismos y en esos eufemismos que uso para decir que necesito tener amigos porque me siento muy solo y muy triste y tambien una novia que me diga que me quiere y que quiera pasear conmigo y que me diga que le gusta como escribo y que me pida que le compre algun perfume y que sea un poquito salvaje y un poquito cursi y que de vez en cuando quiera hacer el amor conmigo) y lamentando que haga sol en la ciudad, porque no es esto lo que necesito, y porque me molesta ver a esos tipos en la calle usando los bancos como tablas de estiramientos, doblando sus rodillas y dando saltitos en los semaforos en rojo, ajustándose su visera y sus pantalones cortos y que saltan a las primeras de cambio, como un resorte, tan pronto se pone verde, empezando a trotar por todo el puerto, a ritmo ágil y vivo. Entonces cuando veo eso, saco un pitillo y lo enciendo de la manera mas macarra que se me ocurre, doblando un poco la cabeza hacia un lado y maldigo no llevar gafas de sol para poder estar mirandole el culo más tiempo a esa tia que ha pasado corriendo por mi derecha, con unos shorts rosas y auriculares. Veo toda su trayectoria, hasta que, al pasar por detras del barco pirata, le pierdo la pista. Allí delante el hotel, y la playa y la gente, cada vez más gente, y los niños con sus vasos de horchata y el chino de traje negro que esta sentado tocando algo parecido a un koto roto, o quizá es otro instrumento con una sola cuerda, pero no sé su nombre. Todos parecen felices, y seguramente yo también doy esa imagen, completamente integrado en esa felicidad corporativa de la que la primavera nos hace participes, pero exagero, como siempre, lo llevo todo a un tamaño demasiado grande, o demasiado pequeño, distorsiono mi propia vida, aunque tambien pienso que eso no está tan mal, que no me queda otro remedio y que, en cierta manera, es divertido hacerlo, porque así puedo imaginar qué me dirías si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias o cómo serías y cómo disfrutaría la gente de mis relatos, como ese llamado "El robo" que no me atrevo a escribir, por más que tenga más que pensado el inicio y el final, faltándome sólo el intermedio, pero los nudos son lo de menos, lo que importa es lo que fuimos y lo que seremos, y todo lo demás es simple casualidad, o remordimiento, o comodidad pero a veces uno piensa que precisamente es de ahi de donde no podemos salir, de donde no deberíamos hacerlo nunca, alargando los nudos y haciendolos grandes, cada vez más grandes para involucrar en nuestro pequeño drama a cuantas más personas mejor, o para expulsarlas, lo mismo da. Como ese gilipollas, así con todas las letras, que me dijo que vendría a mi recital y que no vino y que me dijo que me enviaría informacion sobre su revista y que no la envió y que me dijo que se alegraba de verme aunque no lo hizo ( creo que esto ultimo fue lo que hice yo). Me quedé con ganas de enviarlo a la mierda, pero no he tenido esa oportunidad, ese tren paso y él seguirá encerrrado de por vida en ese último curso que se llama "acabando la carrera" que suele tener una duración exponencial. En fin, casi nadie es importante, pero casi todos somos necesarios. Y es que no quiero acabar suplicando amor de una desconocida, ni llorando por buscarlo y no encontrarlo ni por recurrir a internet o no recurrir a nada en absoluto ni por pensar que hoy sí, hoy será diferente ni por creer que puedo cambiar solo. No quiero ser así.
Funny fat
-Oye, a ti te he visto en una pelicula. Me ha repetido esa frase un par de veces, tan pronto como me ha visto aparecer por la puerta. Se me ha ocurrido un insulto cojonudo un minuto después, cuando ya se me había pasado el arroz. Y es que una cosa es creerme el tipo más guay del planeta y otra bien diferente es demostrarlo cuando un capullo se cruza en mi camino. Pero la proxima vez, cuando las cosas se pongan tiesas ya se lo que diré: "Faltan diez segundos para el momento más embarazoso de tu vida", así, a lo Ford Fairlane. Hoy no estaba mi camarera favorita, pero la otra también empieza a conocerme y eso me mola. Después de aquel día fatídico, hoy las cosas han vuelto a su cauce y ya me he hecho con las riendas de mi pequeño vicio. Mientras caminaba por el puerto, me ha dado por pensar en una historia similar que me pasó de pequeño: me regalaron unas zapatillas nike azul con curvas azul eléctrico que parecían de un extraterrestre. Me encantaban aquellas cabronas: al día siguiente de tenerlas, me fui a jugar a basket como un loco y, tras algunas cabriolas, saltos y escorzos cutres, empecé a notar como me ardian los talones. Y voilà, cuando me quité las zapatillas, mis talones estaban sangrando. Me costó varios dias más domar a aquella máquina, pero al final lo conseguí y ya nunca más me dolieron. Con esta historia de mierda solo quiero justificar (y justificarme) que seguiré yendo a este sitio que me mola tanto, porque desconecto de mis miedos y mis preocupaciones, porque me siento con estilo y porque me gustan las camareras y la música. Y con esto, dejo ya el tema para siempre, porque, la verdad, no nos engañemos, tampoco da para tanto. Después me he ido al paseo maritimo, justo por detrás del puerto, donde se ven los almacenes y la parte fea de los bares, allí donde se hace el botellón universitario de primavera. Me he fumado un par de cigarros poniendo cara de horizonte para hacerme el interesante, pero no ha pasado ninguna rubia que me pusiera nervioso. Ni ninguna morena. Mierda, todo esto me está quedando demasiado frivolo. Si cada vez que salgo de mis penas me quedo en esta tierra de nadie, no sé si merece la pena que deje de repetirme o de intentar reconstruir la misma historia una y otra vez. Estoy leyendo "Menos que cero" y aunque me está gustando bastante (de hecho puedo afirmar sin temblar que estoy enganchado) reconozco que me da un miedo de cojones, sobretodo con esa frase que el prota ve en la carretera que dice "Desaparezca aquí". Posiblemente éste sea el título del post de mañana, con lo que me comprometo a dos cosas: a escribirlo y a que sea mejor que este. Pero eso tampoco es muy dificil. Grrr!
domingo, 14 de abril de 2013
De ratones y gatos que intercambian papeles
Para el coche. Y entonces, como azotado por un látigo, me asomé por la ventana, como quien se cae desde lo alto de diez escalones y tras dos o tres arcadas me quedé allí, más solo que nunca, y triste. Triste de cojones. Dejé que el aire me golpeara mi flequillo mojado por el sudor frio, la chupa se volvía viscosa, lejos del estilo que había mostrado por la tarde, antes de empezar a beber (beber sin hablar, sin moverme, sin pensar, para olvidar, huyendo de mi imagen en el espejo del váter). Me estaba perdiendo algo, una parte importante se estaba despidiendo de mi en ese preciso instante. No era la primera resaca, y sabe Dios, que no será la última, era otra cosa, diferente, pero tan pensada obsesivamente que casi diría que era algo conocido: nada más lejos de la realidad. Me di cuenta de que no tenía nada que ofrecer, de que, a pesar de todas mis ilusiones, de mis delirios de grandeza, había fracasado, mi tiempo había pasado. Y reinventar el papel de perdedor cínico y descreído no me sirve, porque la verdad sigue golpeando mi mente cada vez que me veo en el espejo ( como aquel del bar, como tantos otros extraños, lejanos, los ojos de las personas que te examinan, te critican, aquellas que estan dispuestas a ayudarte pero estan demasiado ocupadas, las que te ven como un pasatiempo, a las que le das igual, a las que importaste una vez, pero empiezan a cansarse de que tú no pongas de tu parte...todas ellas están ahí, no puedes escapar). Ha pasado el tiempo de la prisa, el momento en el que podías permitirte un error: me espera lo mismo que a cualquiera, seré uno más de los que piense que otro tiempo fue mejor, me sentiré culpable por pertenecer a una generación que no será recordada más que por ser un campo de cadáveres. Veré la tele y entonces saldrás tú, triunfadora: cumpliendo el sueño que tantas veces se me ha pasado por la cabeza, por el que hubiera cambiado todo lo demás. Aparecereás tú y todo el mundo te querrá. Todos menos yo. Y veré como mi cuerpo empieza a perder el control, y como engordaré más y más, evitando subir escalones para no sudar a las primeras de cambio y fumando, en un último giro pretendidamente elegante. No. Nada de eso. Es demasiado tradicional. Oh, pobrecito, allí está, mirándose el ombligo y lamiéndose las heridas. Es encantador. Es tierno en el fondo. Me gusta hablar con Jara, aunque me siento lejano, a fin de cuentas no dejo de ser un cliente, un parroquiano, un tipo que se sube a un taburete y está allí sentado durante una hora o dos, leyendo, o callado, mirando el techo lleno de lencería vieja, cuernos de toro y sombreros irlandeses. Magnifico. También noto que algunas personas se aburren al hablar conmigo, es como si notara que les importo tres cojones: bueno, eso forma parte del juego, no puedes gustarles a todo el mundo ¿no es eso lo que se dice? La penosa búsqueda de la redención, en lugares sin existencias, agotados: ya no hay para ti. Vuelvo a llegar al punto de partida: últimamente empiezo a pensar porque me aburro y dejo de hacerlo cuando empiezo a aburrirme. Buenas noches, buenos días y buenos ratos. Tic-tac, tic-tac: como un reloj cualquiera. El paso del tiempo. La memoria. Tú y yo. Lo que fuimos. Lo reencontrado irreconocible. Agua.
Uncle Jack
El sexo no como juego sino como trauma. Es mucho más interesante, con más matices, con mucha más profundidad e intensidad. Quizá debería haber estudiado psicología, aunque ahora que lo pienso, nunca es tarde (mentira: ya estoy fuera de plazo en muchas cosas). Desconozco que repercusiones pueden tener mis palabras, seguramente ninguna y eso, en cierta manera, me tranquiliza, porque hoy me siento rabioso, con ganas de quejarme, de rebelarme contra mi situación: si no tengo el control me pongo de mal humor, será porque ayer no hablé con nadie y mi reino de soledad se me antojó demasiado grande para poder ser recorrido. Hice mal en dedicarme a rastrear a todas las personas tristes de este planeta, la soledad y sus fobias y sus miedos han entrado demasiado dentro de mi, han clavado su puñal demasiado profundo y ya no se si me lo puedo o si me lo quiero quitar. Estoy perdido. Definitiva e irremediablemente. Tengo ganas de ponerle nombre a lo que me pasa, o mejor dicho, a quien me pasa, porque mis heridas son personas, chicas que no estan, que estuvieron y se alejan o que jamás estarán. Eso da igual, lo que no cambia es que yo sigo igual, o quizá un poco peor, y nadie se toma la molestia de prestarme atención. Quizá he tenido demasiadas vacaciones, siempre me sienta mal eso de parar, de reposar: me gustan las prisas y disfruto más pensando en el descanso que descansando. Siempre hablo de lo mismo, pero también me rio bastante a diario, por lo general con tonterias, pero qué mas da si me permiten mantener un buen tono ¿verdad?. Y considero que tengo muchas aficiones y muchas cosas que compartir con alguna chica que esté tan sola como yo. Una chica que quiera tener una vida de pelicula. A la mierda con las pequeñas cosas, con la felicidad cotidiana: no, yo no ofrezco ni quiero nada de eso. No quiero amores de telecinco o de peli indie, quiero algo que duela, odiarte y necesitarte a la vez. Ser capaces de reconstruir el desierto para perdernos en él y de morir en pequeñas dosis cada vez que nos liemos en cualquier esquina, como animales en celo. Quiero convencerme de que puedes hacerme perderlo todo y que contigo el cielo es posible. Incluso, en mis momentos de mayor soledad, he llegado a ponerte nombre, a describirte, a ti, que te conozco tanto sin haberte visto todavía, pero se que nos reconoceremos, que tu sabrás que te he estado buscando por toda la eternidad, esa que se nos esfuma a cada instante, y por todos los abismos y rincones de los estados de ánimo. Intento imaginarme, aunque eso me resulta más dificil, que sonido tendrá tu risa, y cómo será tu sonrisa...ese tipo de cosas tan cursis que me hacen más llevadera mi vida aqui y ahora, sin nadie que me preste atención, sin ser encontrado, sintiendome en fin, por qué no decirlo, a la deriva, esperando sin quererlo, un golpe mortal. Llevo varios dias soñando que me quedo paralizado por el miedo: el primer día era por un ladrón, el segundo, por unas palomas moribundas que me caminaban por encima. Quiero escapar, pero no tengo con quién hacerlo. Y es que ya empiezo a resultarme una compañia un tanto aburrida. Como siempre, he acabado por decir cosas diferentes de las que pensaba en un principio, pero confio en que esta falta de previsión haga más entretenidos para quien los lea, estos baches que recorren el camino de mi juventud decadente. Salve.
Deus ex machina
Para bien o para mal vuelvo a tener una montaña de libros pendientes: me gusta no acabar las cosas, dejar mis proyectos a mitad. Creo que me repito si digo que lo que realmente me fascina son los comienzos, esa inseguridad que acompaña a cada nuevo paso. El gusto casi morboso por sentirme perdido, por saber que soy un desconocido. Seguramente haya algun tesoro escondido en el hecho de poder reinventarse cada vez, aunque en el fondo, los errores nos son tan queridos que siempre acabamos por cometer los mismos. Nuestros fallos, más que nuestras virtudes, dicen quienes somos. A pesar de que intento mantener la máxima picassiana de escribir sobre lo que pienso y no sobre lo que veo, voy a permitirme una pequeña licencia. Esta mañana estaba en correos, listo para enviar un libro a Escocia, ese pequeño país lleno de leyendas y promesas, cuando me he fijado en el viejo que estaba delante, rellenando unos sobres. Eran poesías, llamadas "Poesías del vaivén". Me recordaba lo que yo he hecho en tantas ocasiones antes, enviar mis ambiciones en un sobre blanco, soso, con los versos puestos ahí sobre el papel, sin alma y desnudos esperando que alguien pueda valorar lo que intenté decir en mi habitación. Y entonces, me he dado cuenta de porqué además de que puede que la calidad de mis escritos sea mala nunca podré llegar a ser un escritor razonablemente exitoso: todo lo que escriben los demás me parece una mierda. Solo me gusta lo que escribo yo, lo siento. Tendré que seguir enfadandome con el mundo, pensando que están equivocados, viviendo de manera kamikaze, en contra de todos, como un salmón. Cuesta más, y puede que se vivan menos años de esta manera, pero sigo estando convencido de que es más divertido. La diversión. Erroneamente utilizo el criterio de si algo me divierte o me aburre para caracterizarlo como bueno o malo: eso puede dar lugar a grandes catastrofes. He perdido el hilo de lo que quería decir, y ahora me limito a dar bandazos, escribiendo y escribiendo con la esperanza de encontrar un nuevo rumbo: me pasa aqui, en este rincon virtual en el que enseño parte de lo que soy ( o una version exagerada de lo que quiero o detesto ser) y fuera, en la "vida real" en la que paso completamente (y/o voluntariamente) desapercibido. Y esto no me gusta nada: yo quiero ser un tio guay, como los de las pelis, pero aun soy demasiado sincero, todavia cuando me rio, lo hago de verdad, no hay complacencia en mis gestos o ironía en mi voz. Soy poco atractivo como personaje de ficción. Mira que me gustaría escribir en Playboy, en Esquire o en Interviú, pero para eso me hacen falta dos cosas: escribir y escribir bien. Dificil, dificil. Mientras tanto, me consuelo pensando que soy un diamante escondido, una perla que espera ser descubierta mientras no deja de soñar, aunque cada vez con menos ganas. El descubrimiento que más me ha aturdido, como un jab directo a la nariz, es la poderosa tiranía de la normalidad, la asquerosa facilidad que tiene para ganar siempre, hagas lo que hagas: ahora me doy cuenta de la cantidad de cosas que dije que haría y no he hecho y la feliz compañía que me hacen los errores que me prometí no cometer jamás. Menos creído, tengo que poner los pies en el suelo pero...si voy a morir de todas formas, si voy a acabar teniendo la misma vida que cualquiera...¿no debería por lo menos intentar hacer algo grandioso? Tengo pánico de convertirme en lo que estoy empezando a notar...una persona mediocre. El problema es que me aburro rapido: pero, eso si, aún no me he aburrido de la camarera, a pesar de que acercarme es asomarme a uno de mis recien descubiertos abismos. Da igual, necesito cambiar, probar a hablar con alguien no gastado, alguien que pueda descubrir y descubrirme. En fin, como siempre, he acabado desordenado y diciendo cosas sin sentido. Es mi manera de aparentar ser interesante.
jueves, 11 de abril de 2013
Sadness is coming (Less than zero)
Lo sentí como un látigo: un golpe seco, cortante, mientras no dejaba de convencerme de que aquellos pasos me llevaban donde yo quería, que si no daba media vuelta, era porque, sencillamente no me daba la gana. Me estaba convirtiendo en un parroquiano, y eso me gustaba. Me hacía sentir, si bien superficialmente, querido: sabían lo que iba a pedir tan pronto como me veían. Alguien me conocía, al fin, y me sonreía al llegar. Todos mis intentos por salir del cascarón, mis sueños de gloria literaria no han cosechado más que fracasos, bueno, menos que eso: ni siquiera me han dicho que no. Ignorado, otra vez. En contra de lo que pensaba, ella lee libros, bastantes, aunque no todos los títulos que me sugiere me parecen buenas elecciones, pero no le digo nada, estoy hablando, manteniendo una comunicación real con alguien real, pero en el fondo no se me escapa que estoy a tanta distancia como siempre. Como Edipo, el camino que recorro para huir de no se bien qué, solo me acerca a pasos agigantados al destino fatal. Pero me doy cuenta, me doy cuenta de que en toda mi vida no me he tomado en serio nada, como si a la primera dificultad, mi atención muriera. Me intento justificar diciéndome que lo que pasa es que me interesan muchas cosas, pero no es así: lo que estoy haciendo no es especial. Y al volver la carretera sucia, las lineas cruzadas, todo iba más rapido de lo que podía controlar, aunque no dejaba de repetir "más despacio, más despacio". Puede ser un buen punto de partida, quizá. Demasiados tallarines a la carbonara de Gallina Blanca, comida de soltero: supongo que a fuerza de pensar tanto en ellos, mis miedos se están haciendo realidad. Miedo a la distancia, porque tú me ponías los pies en el suelo, tú eras la mano que siempre me sostenía cuando el abismo parecía más profundo. Te necesito porque me ayudas a dejar de prestarle atención a lo inevitable: por eso te echo tanto de menos, tú me salvabas de mi mismo, nadie como tú conocía mis defectos. Tengo pánico, terror, no sé donde puedo refugiarme, soy débil, y me estoy rompiendo en mil pedazos de una manera horriblemente cotidiana. Saber que volverás, no me ayuda mucho aquí y ahora. Y saber que he de ser fuerte, que es ahora cuando tengo que dar ejemplo solo hace que me averguence aun más de mi comportamiento. No fue la primera vez, pero nunca antes con esas consecuencias, como punto de referencia tan claro en una tendencia que hasta ahora solo había existido en mi mente. Debo de dejar de suplicar amor, y dejar enterrados los cadaveres del pasado, basta ya de exhumar el dolor, de abrir continuamente mis heridas y contagiarlas con aquellas palabras, aquellos gestos que hoy me doy cuenta de que no significaron tanto como pensaba. Vosotras zarpáis y seguis dando vueltas por vuestro mar, dejandome en la orilla, como naturalmente debe ser: no soy un buen compañero de viaje. O quizá es al revés, soy yo el que no deja de moverse, o de huir, para ser más coherente con mi propia historia. Pienso especialmente en vosotras dos, en el pasado que me persigue y en el presente que se aleja. Os echaré de menos de maneras diferentes, pero igualmente sinceras. Quizá la gente no me hace caso porque hablo poco, o porque cuando hablo, cuando quito el velo de las risas sociales y las sonrisas solo hago mención a temas tristes, demasiado intensos y es que a veces se me olvida que la gente tiene sus propios problemas, sus miedos y sus aspiraciones y que no tienen porque hacerle caso a un tipo extraño que siempre esta llorando. Me intento consolar pensando que mis propuestas de recitar han sido olvidadas porque son demasiado tristes (ultimamente solo triunfa lo banal, lo superficial, la risa...quizá es un enfoque demasiado clasista, pero en fin...) cuando en realidad es que posiblemente no lo han aceptado porque es una completa bazofia. Falta de confianza en mi mismo, puede que eso lo explique todo. Lo que he aprendido en estas dos semanas ha sido que el mal es tan atractivo porque es rematadamente facil de realizar. A pesar de todo, a pesar de que cometo tantos errores y me encuentro la mayor parte del tiempo lejos de ti, vivo con la convicción de que siempre, incondicionalmente, me perdonaras y me aceptarás a tu lado, iluminando estas tinieblas que no me dejan ver el camino que he de seguir. En fin, supongo que es momento de acabar. Hasta la próxima, en otro lugar, en otro tiempo.
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