domingo, 20 de enero de 2013
Cleaning Up The House
Me siento bien. Domino mis propios sueños y mis miedos no acaban por tomar el control, lo que supongo que en el fondo, a pesar de la posible falta de creatividad que este estado puede suponer, no está mal del todo. Sin embargo, aunque esta parte de mi siempre me ha dado más penas que alegrías, de que la he sentido más como una carga que como un merito, he de reconocer que la voy a echar de menos. Pero siento que he de renovarme, tengo que hablar de otras cosas, ultimamente sentía que estaba exagerando mi propio dolor, limitandome a mi mismo: hay otros temas interesantes, otros sentimientos, otras areas que ahora me apetece mucho explorar. Por aqui se empieza, pero aún hay más. Necesito sentirme más autentico, sobretodo a nivel emocional, por eso, a pesar de los buenos momentos que he podido sentir hablando con personas que no conozco en persona, es momento de dejarlas atrás. No hay ningun interes oculto, ni ningun enfado. De hecho les agradezco que me hayan hecho sentir menos solo en algunos momentos, pero consideraría una farsa seguir manteniendo ese vínculo. Necesito dejar atras esta etapa de mi vida, con todas las consecuencias. Ayer me di cuenta de que el mundo ofrece muchas historias, muchos cuentos que esperan a ser relatados. Volví despues de 8 años al Coyote, el primer lugar en el que bailé con una chica, el inicio de mis inquietudes. Tenía miedo, miedo de reconocerme postizo en un recuerdo que ya no tenía nada que ver, algo asi como romper una fotografía. Pero lo pasé muy bien. Bailé (agité mi cabeza arriba y abajo sin parar durante 3 horas) y volví a quedarme fascinado con las chicas. Olvidé todos mis fracasos posteriores, todas esas angustias: volví a ser el chico inocente que se queda con la boca abierta mirando a la bailarina, incapaz de gestionar el estímulo potente de la belleza. El ambiente de deseo, de gente con personalidad, ajena a las modas: un mundo más allá de todas aquellas expectativas. Axl Rose en la pared, un bufalo con gafas de sol, Bono en el techo. Suena "Cover you in oil", y una chica morena, se sube a la barra. Empieza a bailar, se quita la camiseta y mueve su pelo. Toda la sensualidad estaba allí, allí mismo. La emoción de mi adolescencia, el viaje al pasado. Daba igual que me hiciera caso o no, lo importante es que había recuperado algo que pensaba perdido, una parte importante de mi mismo. Las acrobacias, piernas abiertas. Gente tranquila, bebiendo sus cervezas. Joder, como echaba de menos bailar de manera salvaje, sin preocuparme de parecer guay o de las miradas femeninas, de como voy a entrarle a aquella chica, dejé de pensar en ligar. Aquel espíritu era más importante. Había pocas chicas, unas cuatro o cinco, ninguna rubia, pero hubiera vendido mi alma por cualquiera de ellas. Lo noto. Hablo como si estuviera de nuevo al principio del camino, al inicio, olvidando las frustraciones, sintiendome bendecido por una especie de segunda oportunidad. Camisas de cuadros, algo vicioso en sus gestos. Venimos a divertirnos. A pasarlo bien. Que se joda el mundo. Que se hunda el barco. Un niño. Así me siento, aunque quizá un poco más cansado, o más viejo. Que coño. Estoy en lo mejor. Tengo 26 años y parece que salgo de mis propias oscuridades. Sé que esto puede hacerme parecer menos interesante, pero siempre tendré el mapa para volver a aquellas tierras. No es un adiós, sencillamente un hasta luego. Nos volveremos a ver, lo sé, en algún momento, cuando los deseos no se hayan cumplido, cuando los besos se hayan olvidado y la soledad vuelva a reclamar su espacio en mi cama. Está bien, acepto el trato. No aspiro a ser una persona diferente. Tengo los mismos fallos, las mismas manías, los mismos miedos, las mismas ilusiones. Pero ahora me apetece probar en otras tierras, hacer otras cosas, ofrecer otra versión de mi mismo. Sigo pensando en Ubú, en mi tesis, en el recital poetico, en conocer gente. Sí, me apetece conocer gente nueva, sentir ese frenesí inicial que aporta cualquier cambio en la rutina. Lucharé contra mi debilidad posterior, por lo menos tendré que intentarlo. A veces se me antoja que en el fondo, es algo muy sencillo. Interactua con el mundo. Participa. Intentalo. Eso en sí, ya es un logro bastante importante. Y después, insiste, repite, cae y alzate. Así y así todos los dias de tu vida. Joder, parezco un predicador, aunque no deberia avergonzarme de esa faceta, reconozco que me encanta hablar en los desiertos. Music Stories. Una de las cosas que me gustaría hacer ( esto lo digo como proyecto a largo plazo, tan largo que está en las cosas casi casi irrealizables, pero bueno) es ser el dueño de una discoteca. Pero una guay, no de esas que están en el Barrio. La idea sería algo asi como montar La Hacienda. Y yo, por supuesto, sería Tony Wilson. No es muy original, pero me encanta el nombre de Crazy Horse. En fin, supongo que es momento de marcharme, de poner el punto a la tarde de domingo, tan aburrida como todas mis anteriores, pero, sin embargo, tan diferente.
Algunas canciones escuchadas ayer, otras, simples improvisaciones:
viernes, 18 de enero de 2013
Noise/Rabbits/Cinderella
Todo vuelve a la calma, aunque sólo sea de manera relativa o superficial. Me encantaría ser una especie de profeta, de flautista de Hamelin y arrastrar conmigo a las multitudes. Todos al rio, todos al desierto. A empezar de nuevo. La sola idea de pensar en empezar, me pone en marcha. Pero esto no significa nada. Me encanta empezar millones de cosas, para luego abandonarlas, para dejarlas ahi, como pruebas de que lo intenté. Suelo ser poco constante, sobretodo para la construcción de mi propia vida: esto es algo que tengo muy claro, una especie de regla de la compensación. Asumo que no puedo tenerlo todo, asi que prefiero que mis energias se dirijan a todo aquello que quiero hacer. El vivir ya es otra cosa. Me gusta pensar que la relación con las amistades, los amores y, en general el trato humano es la misma que existe entre un jardinero y una planta. En ese sentido, yo soy un mal jardinero, puede que el peor. Vivo en un mundo de expectativas, ahí me siento comodo, imaginado la cantidad de opciones que me son ofrecidas, todos los caminos, estan ahi, esperando, esperandome a mi, precisamente a mi, para ser recorridos. A veces pienso que la vida me ofrece demasiados estimulos: demasiados proyectos vitales, demasiadas chicas, demasiadas palabras, demasiados versos. No, no funciona. Y por eso no se me caen los anillos en reconocer que soy aburrido. Todo se vuelve oscuro cuando empiezo a hablar. Quizá el fallo está en mi mismo, en repetirme tan a menudo mis errores, mis tropiezos, como queriendo, sin querer, volverlos a repetir. Mi vida como una espiral, unas veces ascendente, otras descendente, pero con la certeza de que siempre acabo en el mismo punto, el mismo propósito de volver a empezar, esta vez de manera diferente, nueva: ahora si, ahora si. Pero siempre huyo. Principalmente de mi mismo. Con el tiempo esta huida esta dejando de ser un trauma, algo que tengo que esconder para convertirse en una especie de deporte, en un rasgo definitorio de mi mismo. No me alcanzareis. Como un conejo, corriendo, corriendo a ningun lugar, con ojos de miedo, con pánico de su persecutor, aquel que no ve, que es invisible, pero siempre presente. Me escondo bajo piedras, repto por la maleza. Atencion, una luz: me quedo paralizado. Eres tú. Siempre tu. Bajas despacio, intentando no asustarme. Es tarde. Ya no estoy. Todos los piropos me suenan lejanos, no me pertenecen las palabras amables. Dudo mucho que esto venga de mis años de instituto, de aquella vez que repetí curso y al año siguiente estudie como un hijoputa vengativo. Aquel fugitivo sigue dentro de mi, pero cada vez me cuesta más adivinar su escondite. Escucho sus voces, sus pasos, algun gruñido: no quiere verme, le decepciona mi comodidad, esa manera de caer en una especie de satisfacción, de rendición. La tripa, la barba. Deberias hacer ejercicio. Deberias escribir. Muevete coño, haz algo. Se va. Golpea mi cabeza con huesos y mi frustración adopta tonos de xilofono. Es ridiculo. Muy ridiculo. Dientes largos, mirando en todas direcciones, experimentando con el ayuno. Dos días con la mente al máximo, aunque al final los dolores de cabeza estaban ahí. Intenta vencer a tu cuerpo: él es el enemigo. Esta no es tu edad, es el campo de batalla. La juventud como destino, como agresión a los deseos incumplidos. El horizonte se esconde, una y otra vez, una y otra vez, en una especie de regañina por no cumplir los objetivos. Sí, he de programar mi vida, no sé improvisar, todo tiene que ser aqui y ahora, cuando yo lo ordene. Los secundarios en mi vida, yo los invito a participar, pequeños papeles destinados a que yo me sienta bien. Vuelve el agresivo, el niño conflictivo, el que no estudiaba y el que corria todas las tardes por las pequeñas montañas cerca de casa, lejos, lejos, hasta aquella cueva en la que había pintadas y un rollo de papel higienico. Nunca entré o nunca me quedé más de dos segundos allí, no lo recuerdo: parecía un escenario de snuff movie. El terror tan cerca de casa, tan cerca de mi mundo controlado. Después vinieron nuevos vecinos y aquel lugar quedó encerrado y aislado de mis temores. Era la época de las Spice Girls, de Marina, y de las niñas de Alcasser. Las primeras Interviú. La colunma de José Luis Coll. No sabía quien era. Solo buscaba juventud turgente, escondida, privada. En aquellos años aún no era un conejo. No había cazadores por ninguna parte. Todo estaba controlado. La caza empezó sin avisar, de repente. Solo en la nada. Corre. Huye por tu vida, pelea, hiere, grita. Pero no era el mejor corredor, lo reconozco, y el silencio pronto me hizo prisionero. Largos años contandome a mi mismo fantasias, poniendo lo que no me faltaba, era un rey en el exilio, así me convenzo ahora. No era mi culpa, no, no lo era. Simplemente no sabía las reglas del juego. Ahora sí las se, pero hace tiempo que el juego ha terminado. Ya no tiene gracia. Me he quedado sin rivales, perdido en tierra de nadie. ¿De ahí el aburrimiento? No creo. Reconozco en mi aburrimiento un factor elevado de niño caprichoso, de vago, cierta cobardía. Mis fantasias han llegado a las doce de la noche. Toca volver al mundo, da igual las habilidades desarrolladas antes. Es hora de jugar, es hora de perder. Pero bueno, trato de defenderme, de tomarme las cosas con humor, a fin de cuentas, sigo siendo el protagonista, y, a pesar de las soledades, de los desencantos, de que los dias tristes ganen a los felices y de que siga sin encontrar a esa rubia perdida y desprotegida que me acompañe en lo que queda de camino ( corto unos días, largo, demasiado, otros) sigo pensando que el final de la historia será satisfactorio. Eso si, no creo que haya una segunda parte. Sería demasiado repetitiva.
miércoles, 16 de enero de 2013
Fake equilibrium
Hoy caminaba solo por la universidad. Pensaba en un millón de cosas, pero especialmente le daba vueltas a una cosa: ¿qué es lo que me lleva a escribir? No es por tener un don ni nada parecido (una de las cosas que mas sinceramente me dan asco son aquellas personas que dicen tener un don para cualquier cosa...en serio, me dan arcadas) ni porque tenga muchas cosas que decir, ya que como es evidente, creo, siempre hablo de lo mismo. No, no van por ahí los tiros. Tampoco estoy en una situacion desesperada, en un limite que me empuje a escribir para sentirme importante o para contar algo. Tampoco lo hago por necesidad, no. Lo hago ( o por lo menos hoy pienso que lo hago) porque me gusta tener el control. Hablo de lo que me da la gana, cuando me apetece. Sin reglas, sin limites, sin nadie que me diga lo que es correcto o no. Puedo inventar amores imposibles, darles forma durante paginas y paginas, y despues matarlos en dos líneas. Puedo viajar, soñar, crear y destruir a mi antojo. Vale, vale: es un poco pedante, en el fondo es lo mismo que la necesidad o el don. Suena igual de pretencioso. Precisamente por eso me gusta. En mi posicion, puedo crear opiniones, crear problemas y proponer soluciones fantasticas. Ponerle a mi vida todo aquello que le falta, vivir esas otras vidas que considero tan mias como esta, solo que mas lejanas, mas ausentes, se podria decir que estan a la espera. Hoy no podré levantar el vuelo, el post es flojo: siempre lo es, pero acudo al recurso facil, a mis penas, a mi lastima, que siempre se repite, para parecer interesante. Otra pregunta: otra sombra que acecha a cada esquina, los demás, o mejor dicho, su opinión, sus pensamientos sobre mi, o quiza su falta de pensamientos, puede que sea invisible, que nadie me necesite...joder, quien sabe. Mientras tanto parece que el mundo no reacciona, que no responde a mis llamadas de auxilio. Es un naufragio ridiculo, mis vicios se meten en los pulmones y no me dejan respirar. Tanta práctica me ha servido para escribir un poema, pero no voy a ponerlo por aqui. No. Para compensar (no sé bien que) un poco de Jeff.
lunes, 14 de enero de 2013
Achtung Sputnik!
Me he quedado más tranquilo, a decir verdad mucho más tranquilo al descubrir que sobre el año 2035 ningun meteorito va a destruir la tierra. Con el tiempo, lo reconozco, me estoy volviendo una persona altamente supersticiosa, casi hasta la estupidez. El otro día me pasé toda la tarde leyendo sobre Thelema, la religión (o el credo o el culto) que creó Aleister Crowley. Más que entrar en detalles, que me importan una mierda, lo que me llama la atención es mi nueva atención en ese tipo de cosas. Bueno, no, quizá exagero. En mi casa no se clavan los tenedores en el techo ni la niebla de la tele me invita a pasar porque ellos ya están aqui. No, joder, no es para tanto. Pero si hay algo que me hastía de la realidad, que me aburre profundamente es esa manía de poner el foco en todas las cosas. A mi me gustan los rincones oscuros, esas zonas de penumbra en las que uno nunca esta seguro de las cosas que conoce, o de si lo que conoce es simplemente un condicionamiento mental o una manía. En ese sentido soy supersticioso: la realidad me aburre. Me aburre mucho. Un montón, colega. Estoy dando vueltas en circulo, no me reconozco. Al hablar de otras cosas que no sean mis propias penas, me siento extraño, como fuera de lugar. No es que sea ajeno a las cosas que pasan: el otro día, por ejemplo, me quedé en casa por un dolor de espalda y vi toda la programación matutina. La teletienda. Espejo público. Ana Rosa. Mujeres, hombres y viceversa. Mariló. Lucha libre. Boris Izaguirre diciendo que era horrible, espantoso (con ese acento exagerado de mierda que tiene) que fueran a echar a dos ancianos a la calle. Ana Rosa les decía que llevaran su caso a Estrasburgo y Mano-Bibi Andersen cruzando las piernas. Que mal rato hemos pasado todos: nosotros aquí en plató y vosotros en la puta calle. Pero no lloremos, hemos cumplido cuatro años en antena. Que grandes momentos. Que pasen los pretendientes. Amadeo se ha comido la boca con Luisi, pero Andrea va a pelear por su amor. Vamos a ver, que no tengo nada en contra del amor en los geriatricos, pero...¿en serio esta mierda le puede interesar a alguen? En fin, con mi bata y mi bastón me indigné joder, me indigné de que nadie se diera cuenta de semejante situación, pero bueno, pueden quedarse con toda la realidad: les regalo mi parte si quieren. Yo prefiero esas cosas que solo puedo verlas yo. ¿Que quizá son más insatisfactorias? Puede. ¿Que serías más feliz siendo tan encantador como marcan los canones? Seguro, seguro que si. Pero, si me preguntan que de que parte estoy, les diré que de ninguna. Yo soy un anarquista, un irreverente, un desobediente, budista a ratos, contradictorio, solitario, perdido, agresivo y encantador. Todo esto es la versión virtual de mi mismo, claro: en el fondo me considero, en lo esencial, una persona aburrida que quiere dejar de serlo. Es una mierda de post. No me sale nada interesante: absolutamente nada, pero parar, dejarlo aquí sería asumir mi fracaso. Tengo que seguir con la esperanza de que llegaré a alguna parte. Esa es la sensación que tengo con mi vida a veces, no sé bien a donde voy, pero quiero llegar a alguna parte, preferiblemente pequeña y soleada, sin vecinos, un rincon escondido de miradas, opiniones y deseos. Me gusta condenarme al fracaso desde el principio, debe ser que tengo una querencia especial por los planes que salen mal. Hay un perdedor dentro de mi que lucha por salir. Me cuesta mantenerlo dentro, pero es muy beatnik, empieza por la barba, por la risa estupida, por la frivolidad, por la pereza: sí, se hará con el control. Estas batallitas no tienen más consistencia que la de una anecdota mil veces oida, no sé porque me empeño tanto en volver a ciertos lugares, es como si no pudiera escapar de ciertos recuerdos. Eso me da miedo, lo asumo, me da pánico no saber evolucionar. Es como esa gente que dice "yo no voy a cambiar". Idiotas integrales. Yo daría mi meñique (mi meñique de las promesas) por dejar de ser quien soy. Por empezar de nuevo, libre de manias, de miedos: quiero ser rubio y partirme un diente, quiero no tener dudas y bailar, invitarte a conquistar el mundo: tu y yo. Perder mi nombre, para que no signifique nada, no tener edad y olvidar todos mis recuerdos, las palabras, las músicas, los versos, las peliculas, los fracasos, los silencios. Querría llenar mi vida de sonidos estridentes, de escaleras que suben y bajan, los pasos freneticos de la libertad. Lo quiero todo y, a la vez, no quiero nada, no quiero atención, no quiero manos que se asomen al pozo ni voces que me repitan que no estoy solo. Dejadme tranquilo en mi mentira, dejadme ir lejos. Suicidio, palabras estupidas. Demasiado tarde para la eternidad. Demasiado tarde mientras siga en una silla, soñando sentado tras una mesa, sin hacer nada excepto pensar las cosas que voy a hacer. Trazo el mapa, pero no recorro el territorio, que esta yermo, vacio, como un desierto. La noche es el oasis de mi vida: todo es posible cuando duermo, todo parece que puede volver a empezar, sin tener en cuenta los errores, ni las ausencias. Pero entonces....ay, entonces, vuelvo a despertar.
A veces pienso que las exageraciones son lo único que me queda but now you are gone...
lunes, 7 de enero de 2013
Sandman
Bueno, es dificil empezar un nuevo post, las expectativas y todo eso, ya sabes. Especialmente las expectativas marcadas por mi mismo. Quizá no oigas la voz, pero es un grito, una estridencia constante en mis oidos, una exhortación a esa parte de mi que todos desaconsejan, esa que no se corresponde con como soy de verdad: una llamada a los abismos, que hoy, a pesar de todo eso, me apetece y mucho, recorrer. Ayer me acordé de Inés, posiblemente una de mis ultimas obsesiones rubias ( me siento un tanto Hitchcockiano, pero en fin, no puedo hacer nada). Pensaba en ti, Inés, sabiendo que jamás me volverás a leer. Esto no deja de ser la obra de una persona que naufraga. Quise repensar toda la situación, enviarte una solicitud, saludarte con -sincera- alegría, volver a la normalidad, a aquellos tiempos en los que conversabamos por el ordenador casi todas las noches. Sí, ese recuerdo es un lugar agradable al que regresar, una orilla en la que recostarse y dejar que las olas te mojen el pelo y la ropa, llenandote la piel de pequeñas algas, la arena pegada en las piernas...Pero, ¿y después? ¿sería capaz de sobrevivir a mi mismo? Lo dudo. Todo volvería a tener una intención extraña, alejada de los inicios, condenándome a volver a cometer mis errores. Mejor que no sepamos nada el uno del otro, por más que los recuerdos que, yo, por lo menos, mantengo sean agradables. Hoy no me encuentro especialmente positivo, por más que ultimamente, por una especie de embrujo o casualidad astral, me noto más optimista de lo que acostumbro. Por más que el camino se estrecha y las luces se apagan, cada vez es más evidente el camino, como si pudiera recorrerlo con los ojos cerrados. Puede que vivir se reduzca a eso, a tener tal certidumbre de tus propios miedos que seas capaz de visitarlos de manera automática. Sé que no tiene relación, que no tiene que ver con nada, pero me apetecía decirlo. Un robot. Cada día lo tengo más asimilado, como si repitiendo la mentira, acabara por creermela. Sigue así, pequeño. Keep rolling. Antes me imaginaba llegando a cualquier lugar, no importaba cual y poder descansar, parar y olvidarme de mi mismo. Ahora soy incapaz, tengo prisa, la urgencia me ataca por todos los lados y vuelvo a combatir con mis enemigos de siempre, aunque no les vea las caras, aunque su rostro se pierda en una incómoda niebla. Todo tiene que hacerse ahora, como si supiera que me queda poco tiempo y tuviera que dar testimonio de que mi vida no ha sido en vano, de que no, no, no soy ese chico tonto del colegio...mi regla estaba rota y por eso las medidas estaban mal, pero no era tonto: las chicas salían con los chicos-malos, los que fumaban porros y llevaban moto. Nunca quise ser como ellos, yo era de otra manera, a mi me gustaba la musica, escribir, jugaba mucho al baloncesto por aquel entonces...pero nadie vio la diferencia, joder, nadie se dio cuenta de que yo estaba alli. Y lo estuve por muchos años, esperando, expectante, que alguien abriera los ojos, sencillamente eso, que los abriera. Pero eso no pasó, nunca, nunca y yo me fui encerrando, quise desaparecer para darles motivos, para justificar en cierta manera, esa invisibilidad que sufría a diario. Pasé malos años, horribles, en los que nunca pasaba nada: esa era la tragedia. Nunca pasaba nada. Un dia tras otro, tras otro: las mismas frustraciones, las mismas ilusiones mudas, los mismos movimientos, las mismas calles, las mismas palabras, los mismos deseos. Todo intacto, preparado para otra persona, para los ladrones de mi propia vida. Aun hoy, cuando estoy lejos de todo aquello, estoy convencido de que empecé a morir cuando era un crio, con ocho años o quizá nueve, no lo sé. Puede que fueran doce. El número no es importante: fue esa ápoca de colegio, sin amigos, sin amores, sin compensaciones. No había nada que me permitiera apartar ese foco que es la realidad de mi cara. Sudaba y lloraba, aunque con el tiempo, ya no se notara la diferencia. ¿Excesivamente dramático? Puede, pero hoy no me importa serlo. Hoy los siento a todos muy cerca, a todos los demonios de todos los tiempos, hoy me han atrapado y estan haciendo jirones mi camisa. Y yo los dejo, me gusta verlos ahí, arañando mi piel, mordiéndome hasta el hueso, tirándome del pelo. Me dan lo que me merezco, por haber sido tan complaciente, por no haberme rebelado ante aquella situación, quedándome quieto en un rincón, cuando el mundo al completo era mi reino, por no reconocerme en el espejo o pintar una versión deforme de mi mismo. Sí, he dejado hacer, laissez faire, experimentando con mi propia vida. En algunos aspectos he de decir, sin rubor, que el experimento ha salido mal, que la hipotesis ha sido confirmada: se me da mal vivir. No quiero que pienses cuando leas esto que soy un ser serio o confinado en una habitación. No. Todo lo contrario. Será dificil que me veas contrariado, casi siempre estoy sonriendo, con una broma a punto de ser verbalizada. Pero no te confundas, es sólo una armadura, en realidad estoy lejos de alli, muy lejos, es simplemente una risa desesperada, la risa de aquel que sabe que ha perdido, que no puede cambiar nada y que se limita a esperar. ¿Esperar a que? En mi caso, se que un dia u otro no podré seguir intentando ser buena persona (es quizá una de las labores más dificiles a las que uno ha de hacerle frente), y baje los brazos, reposando en los brazos de aquella que ha estado conmigo durante todos esos años, esa amante celosa que sabe que en un momento u otro volveré con ella: son indiferentes mis intentos, mis engaños, ese pensar que he cambiado, que no lo volveré a hacer...Tonterías. La orilla más cercana al abismo, la más suave, cuando todas las voces suenan lejanas, las esperanzas baldías, en ese momento en el que te das cuenta de que nada merece la pena. Bueno...creo que ahora si estoy exagerando. Antes de llegar a ese punto, tengo un año movido, un año en el que la mirada se vuelve furiosa, inquisitiva, inquieta, ansiosa por llegar a algun lugar, por rasgar el suelo con sus manos, salvaje como un animal encerrado. Aun quedan algunas batallas, y alguna guerra perdida de antemano, pero hay que pelear. ¿Amar? Me gustaría saber cómo hacerlo. Tras la fase inicial, la parálisis, no sé mantener viva la llama de la intriga, del interés: no sé ser misterioso. Por el contrario, cada año me vuelvo más estupido, esa es una de las pocas certezas que tengo el orgullo de afirmar. Idiota. Imbécil. Quizá gilipollas. Sí, todo eso y aún un poquito más. Los días se presentan ante mi con una inquietud casi sexual, tengo que hacer todo en ellos, completarlos, hacer que merezcan la pena. Casi no hay tiempo para comer, eso es accesorio, eso no me ayuda a avanzar. Y leo, mucho, más todavía, recorriendo multitud de kilometros desde mi mesa, sabiendo que merece la pena, no sé bien la razón, pero algo me dice que continue, que esta semilla acabará por florecer, que esto dará frutos en algún lugar y en alguna época, aunque desconozca cual. Me acerco a pasos agigantados a mi destino edípico. Lucho por no ser yo, pero cada paso en la huida me acerca más y más a esa conclusión que he imaginado, despierto y en sueños, tantas veces. Creo que me ha quedado demasiado exagerado, pero exagerar mis propios delirios me parecía la mejor manera de celebrar este post número cien. En fin, cuando leas esto, imaginame tirando confeti en mi habitación en tu honor. Aunque sólo sea por las molestias que te has tomado en prestar atención a este tonto, solitario y cursi chico aburrido.
viernes, 4 de enero de 2013
Paradise Lost
Vuelvo antes de lo previsto. Pero no hay tiempo que perder. Afortunadamente, vuelvo a ver enemigos acechando en cada esquina, esperando mi tropiezo, mi error, para reirse de mi, como lo hiceron años atras. Puede que esa sea la razón que me impide disfrutar de las buenas noticias: ¿un sobresaliente en un master? bien, vale. ¿aplausos antes de empezar una clase? Bueno, no está mal. ¿Una chica me para por la calle para pedirme una foto porque "eres guapísimo"?. En fin, no deja de ser una anécdota curiosa. Nada de eso me vale, porque sigo huyendo de vosotros, de aquellos profesores, de aquellas niñas caprichosas que no me prestaron atención, de las tardes muerto de miedo paseando solo por la universidad, sin conocer a nadie, huyo especialmente de los cumpleaños: el teléfono se vuelve una bestia sin compasión, llamando mi atención con su silencio. Por más que intento no verlo, lo consulto cada cinco minutos, esperando que alguien se haya acordado de mi. No pido ayuda, pero eso no significa que no la necesite. Para. Cállate. Eres demasiado pesimista. Dicho así parece que tu vida es una mierda y tampoco es para tanto. Es verdad, puede que tengas razón, pero no puedo evitar cierta urgencia en mis gestos y necesidad en mis palabras: esto tiene que ser dicho, aún cuando no sé muy bien a qué demonios me refiero al decir "esto". Hablo de mi infancia, de mis deseos actuales, de mi adolescencia escondida, sin decir realmente nada, limitado por una especie de muro o de verguenza, que esquiva lo importante, pero...¿y si no hubiera nada importante? ¿Y si detrás de ese horizonte no hubiera nada? Eso lo veía bien en mis libretas de poesía, que numeraba según el alfabeto griego. En alfa, trataba de identificar el problema, las causas, el miedo, el sufrimiento, la paranoia, la insatisfacción y el enfado. Pero en las siguientes libretas, Beta, Gamma y Delta me fui dando cuenta poco a poco de todo lo que existe detrás de las palabras, de ese desierto que espera ser descubierto. Lo veía todo en ruinas, apenas diferente del silencio, donde lo esencial o mejor dicho los ecos de lo que en un tiempo fue esencial, llegaba a mis oidos. Y esto estaba claro: el enfado y la tristeza seguían ahí, pero ya sin sentido, simplemente como una manera de continuar vivo. Hace tiempo escribí un dialogo entre dos mujeres. La situación había sido la siguiente: en cualquier guerra ( lo imaginé más como diálogo teatral que como cualquier otra cosa) dos mujeres que habían sido torturadas - en una especie de joy division o algo así- se quedaban solas, abandonadas, esperando un rescate que sabían que no llegaría jamás. Solo podían amarse de una manera física, pues habian sufrido tanto que estaban vacias de cualquier tipo de sentimiento. No podían dejar de quererse, pues sólo así podrían seguir viviendo, pero era una situación dificil. De todas formas, creo que lo estoy explicando mal. Cosas de las prisas. Volviendo a mi oficina esta tarde ( el lugar desde el cual escribo mis últimos posts) estaba dando cuenta de un cierto cambio de tendencia en mis filias. Hasta ahora, el ideal estaba representado por una chica rubia, de piel clara, como en las novelas de Raymond Chandler. Joder, si empecé a fumar en pipa por el detective Marlowe...En fin, no quiero perderme, las rubias de color ceniza y ojos azules como rubíes ( no tengo ni idea de como son los rubíes, aunque me temo que no son azules...pero mejor que decir: azul como el mar o azul como el cielo...me dan ganas de vomitar) esas ocupaban el primer lugar en el podio de mis deseos. Pero ayer, precisamente ayer, en mi viaje de vuelta a Alicante, en la linea 24, perdido en una lectura de un artículo de Gay Talese ( sí, "ese" artículo) vi bajar, justo en una parada antes de la mia, a una morena claramente interesante. Estaba de espaldas, con un jersey rosa que le dejaba un hombro al desbubierto, la cinta de su sujetador sobre su piel. Le seguía una minifalda negra, corta, muy corta y medias negras. Sé lo que estáis pensando: pero no, no es la primera (y espero ni la última) vez que veo a una chica en minifalda. Era diferente. La seguí con la mirada mientras me alejaba, viéndola caminar por la calle y feliz por comprobar que el chico que había bajado con ella no le había dirigido la palabra y se alejaba en sentido contrario. El último recuerdo que tengo de ella es verla esperar en el semaforo, con un pitillo recien encendido. Decididamente, esa tia tenía clase. Pero yo, como tantas veces, seguía mi camino, perdiendo toda ocasión de vivir en el mundo real y sirviéndome de esta frustración para escribirlo aqui, lo que no se, si, en el fondo me compensa. Otra cosa es que la vainilla debe dar un paso al frente si no quiere perder su puesto hegemonico en mi corazón, ya que La copa homenaje al chocolate está avanzando a pasos agigantados. Yo vivía tranquilo, construyendo todas mis filias y deseos en torno a rubias y a la vainilla, pero ahora resulta que aparecen Sofía Vergara, Zooey Deschanel y toda esa cuadrilla de morenas igualmente atractivas que, realmente, me hacen dudar. Otro campo son las pelirrojas, pero creo según mis últimas referencias, Christina Hendricks está felizmente casada, así que no es cuestión de ir malgastando energias en labores imposibles. Y todo esto lo escribo con la esperanza de continuar con el ideal, esperando a que alguien me conteste, aqui, exprimiendo el poco talento que creo que tengo como una manera de esquivar el tiempo, de evitar el aburrimiento, sin nada que leer, para entretenerme. Como un juego que no necesita de nadie para poder ser jugado. A veces me pregunto si acaso no es esa la verdadera razón de que escriba. Todo me resulta tan aburrido que me imagino en lugares en los que yo soy el dueño, el rey: todo se hace a mi gusto y voluntad, pero sin grandes objetivos, simplemente como una diversión. Y es que en el fondo, por muchas peliculas que vea, por muchos libros que lea y por mucha musica que devoren mis oidos, sigo considerandome un chico, en lo esencial, bastante aburrido.
Y para muestra de mi amor, un botón:
P.D.: Puestos a hablar de amores ideales y todo eso y, aprovechando que tengo el día creativo ( cosas de la prisa o de la espera) sólo quiero una cosa: un amor ardiente, doliente, de estos que te matan lentamente, de los que te llevan a la perdición y, de los que sin embargo, no puedes escapar por la sencilla razón de que te encantan. Me hubiera gustado explicarlo con más detalle, pero es dificil teniendo en cuenta que no podría hacerlo mejor que Monsieur Brel:
Au revoir! (Howl)
Tengo prisa, como ya he dicho días atrás. Por lo pronto, me propongo escribir en un mes más que en todo el año anterior. 16 posts. Tampoco es tan dificil. Mi proverbial pereza parece que se aleja, aunque ya sé que no lo hace del todo. A veces me cuesta encontrar temas de los que hablar, ya que siempre acabo hablando de lo grande o lo pequeño que me resulta mi ombligo o, peor aún, hablo sobre lo dificil que me resulta hablar. Estas líneas son un ejemplo claro de ello. O también, ahora que lo pienso, podría hacer mención a mi necesidad creciente de superstición, que es una variante de mi manía o mi falta -fluctuante- de fe. Hoy he soñado algo curioso: me entregaban varias fotografías ( creo que eran cuatro) de mi mismo y en una salía sonriendo, cosa bastante extraña en mi, más que nada porque me cuesta dios y ayuda salir reconocible en una foto. Supongo que le pasará a todo el mundo, pero me veo más guapo por las mañanas, cuando me veo en el espejo que cuando hay que ponerse la careta social para certificar que lo estás-pasando-muy-bien-en-vuestra-compañia. En fin, cosas del directo, supongo. Pues el caso es que esta mañana he buscado en mi libro de interpretación de los sueños cual era el significado de mis delirios nocturnos, cuando no he podido dormir del todo hasta que he escuchado los pasos de mi hermana al volver por la noche. Teniendo en cuenta que las fotos estaban en color y que me las entregaban a mi ( hay que tener en cuenta estos pequeños detalles, ya que la interpretación puede ser muy diferente si, por ejemplo, la foto era en blanco y negro o si era yo el que se prestaba a ser fotografiado) la conclusión era que iba a conocer a alguien especial y, claro, ante ese panorama mi corazón ( agarrense, vienen curvas) no puede dejar de sonreír. Lo reconozco, me conformo con poco. Me vale la expectativa del amor, la imaginación, más que el amor mismo, que no se gestionar. No sé como actuar frente a una persona que me dice que me echa de menos o que me quiere. Simplemente me bloqueo, me traslado a mi infancia, a esos días en los que Cristina pisaba las margaritas que recogía de mi jardín o cuando Merce dejó de hablarme después de haber intentado hablar con ella por la calle (ahora que lo pienso, fue una escena un tanto cómica: ella había salido un poco antes de clase y su casa estaba al lado de la tienda en la que trabajaban mis padres, asi que, por lo general, tomábamos el mismo camino de vuelta. Pues bien, aquel día, la vi a lo lejos, asi que aceleré el paso para poder saludarla. Llegué exhasusto, así que mi cara no mostraba su mejor expresión, a lo que hay que sumar que era un día de frio, por lo que vestía con un grueso abrigo marron y un corro que apenas me dejaba ver por donde andaba. ¡Merce! le dije. Ella se giró, en el mismo instante en el que alguien me decía ¡Isi!. Era mi padre. En mi frenesí por llegar a mi amada, no me había dado cuenta de que mi padre me esperaba en la misma esquina. Entonces, justo en ese momento, Merce se giró, nos vió a los dos y girar la cabeza y huir fue todo uno. Desde entonces, yo perdí dos placeres: que mi padre me esperara al salir del colegio, un lujo no despreciable teniendo en cuenta los pocos amigos que tenía por aquel entonces y que mi amada volviera a dirigirme la palabra). Por terminar con este tema al que me parece que le estoy dando más importancia de la que tiene, sólo decir que vi hace poco a Merce, como dependienta de una tienda de ropa juvenil. Nos reconocimos mutuamente, fruto de miradas, primero casuales y luego furtivas, pero ninguno nos dijimos nada. Supongo que la ocasión de fingir alegría por el reencuentro ( y las consabidas preguntas sobre su vida, obra y milagros) llegará en un momento u otro, ya que, para bien o para mal, soy en cierta medida esclavo de la moda y acudo a esa tienda con cierta regularidad.
Soy consciente de que me quedo clavado en pequeños detalles, que los magnifico sin razón, pero cuando el único material con el que uno cuenta es su propia vida a veces hay que exagerar algunos detalles, a fin de resultar (consuelo de tontos) entretenido. Mi infancia y mi soledad son una especie de Escila y Caribdis por las cuales trato de transitar, resultando, por lo general, un fracaso, ya que siempre acabo hablando de lo mismo. Dos polos generadores de energía, pero a la vez de tristeza. Y es que siento una especie de especial morbosidad por mis propios temores y sufrimientos. Me asomo a mis abismos, poniéndome al límite, casi puedo sentir la fuerza de atracción, una especie de gravedad esencial que me atrae a mis epocas tristes. Hoy estoy bien agarrado a no sé bien qué ( bueno, sí lo sé: mi ambición o quizá la necesidad de contar todo esto), pero mi verdadero hogar es ese: mi soledad es mi reino. Es dificil de explicar, porque en ocasiones las penas superan a los placeres que esta me proporciona, que suelen ser pequeños y esquivos. Sin embargo, soy incapaz de renegar de ellos.
Por lo demás cada día me siento más seguro con mi tesis ( horas preciosas se acercan) y Ubú no se va de mi mente. Además, los poemas parece que están ahi, llamando a la puerta. Supongo que es hora de abrirles. Otra frase que se me ocurrió ayer antes de dormir ( desconozco de dónde viene esta propensión a pensar de noche: bueno, sí, sí la sé): El destino te está haciendo llamadas perdidas. Es hora de que cojas el teléfono. Como frase es cutre, lo sé. Pero en cierta manera, como individuo yo también lo soy, asi que quedamos empatados.
Jacques, mi querido Jacques
Y Scott Walker ( sí, el de Tilt, The Drift y Bish Bosch) en plan exégeta para Albión:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)