viernes, 4 de enero de 2013
Au revoir! (Howl)
Tengo prisa, como ya he dicho días atrás. Por lo pronto, me propongo escribir en un mes más que en todo el año anterior. 16 posts. Tampoco es tan dificil. Mi proverbial pereza parece que se aleja, aunque ya sé que no lo hace del todo. A veces me cuesta encontrar temas de los que hablar, ya que siempre acabo hablando de lo grande o lo pequeño que me resulta mi ombligo o, peor aún, hablo sobre lo dificil que me resulta hablar. Estas líneas son un ejemplo claro de ello. O también, ahora que lo pienso, podría hacer mención a mi necesidad creciente de superstición, que es una variante de mi manía o mi falta -fluctuante- de fe. Hoy he soñado algo curioso: me entregaban varias fotografías ( creo que eran cuatro) de mi mismo y en una salía sonriendo, cosa bastante extraña en mi, más que nada porque me cuesta dios y ayuda salir reconocible en una foto. Supongo que le pasará a todo el mundo, pero me veo más guapo por las mañanas, cuando me veo en el espejo que cuando hay que ponerse la careta social para certificar que lo estás-pasando-muy-bien-en-vuestra-compañia. En fin, cosas del directo, supongo. Pues el caso es que esta mañana he buscado en mi libro de interpretación de los sueños cual era el significado de mis delirios nocturnos, cuando no he podido dormir del todo hasta que he escuchado los pasos de mi hermana al volver por la noche. Teniendo en cuenta que las fotos estaban en color y que me las entregaban a mi ( hay que tener en cuenta estos pequeños detalles, ya que la interpretación puede ser muy diferente si, por ejemplo, la foto era en blanco y negro o si era yo el que se prestaba a ser fotografiado) la conclusión era que iba a conocer a alguien especial y, claro, ante ese panorama mi corazón ( agarrense, vienen curvas) no puede dejar de sonreír. Lo reconozco, me conformo con poco. Me vale la expectativa del amor, la imaginación, más que el amor mismo, que no se gestionar. No sé como actuar frente a una persona que me dice que me echa de menos o que me quiere. Simplemente me bloqueo, me traslado a mi infancia, a esos días en los que Cristina pisaba las margaritas que recogía de mi jardín o cuando Merce dejó de hablarme después de haber intentado hablar con ella por la calle (ahora que lo pienso, fue una escena un tanto cómica: ella había salido un poco antes de clase y su casa estaba al lado de la tienda en la que trabajaban mis padres, asi que, por lo general, tomábamos el mismo camino de vuelta. Pues bien, aquel día, la vi a lo lejos, asi que aceleré el paso para poder saludarla. Llegué exhasusto, así que mi cara no mostraba su mejor expresión, a lo que hay que sumar que era un día de frio, por lo que vestía con un grueso abrigo marron y un corro que apenas me dejaba ver por donde andaba. ¡Merce! le dije. Ella se giró, en el mismo instante en el que alguien me decía ¡Isi!. Era mi padre. En mi frenesí por llegar a mi amada, no me había dado cuenta de que mi padre me esperaba en la misma esquina. Entonces, justo en ese momento, Merce se giró, nos vió a los dos y girar la cabeza y huir fue todo uno. Desde entonces, yo perdí dos placeres: que mi padre me esperara al salir del colegio, un lujo no despreciable teniendo en cuenta los pocos amigos que tenía por aquel entonces y que mi amada volviera a dirigirme la palabra). Por terminar con este tema al que me parece que le estoy dando más importancia de la que tiene, sólo decir que vi hace poco a Merce, como dependienta de una tienda de ropa juvenil. Nos reconocimos mutuamente, fruto de miradas, primero casuales y luego furtivas, pero ninguno nos dijimos nada. Supongo que la ocasión de fingir alegría por el reencuentro ( y las consabidas preguntas sobre su vida, obra y milagros) llegará en un momento u otro, ya que, para bien o para mal, soy en cierta medida esclavo de la moda y acudo a esa tienda con cierta regularidad.
Soy consciente de que me quedo clavado en pequeños detalles, que los magnifico sin razón, pero cuando el único material con el que uno cuenta es su propia vida a veces hay que exagerar algunos detalles, a fin de resultar (consuelo de tontos) entretenido. Mi infancia y mi soledad son una especie de Escila y Caribdis por las cuales trato de transitar, resultando, por lo general, un fracaso, ya que siempre acabo hablando de lo mismo. Dos polos generadores de energía, pero a la vez de tristeza. Y es que siento una especie de especial morbosidad por mis propios temores y sufrimientos. Me asomo a mis abismos, poniéndome al límite, casi puedo sentir la fuerza de atracción, una especie de gravedad esencial que me atrae a mis epocas tristes. Hoy estoy bien agarrado a no sé bien qué ( bueno, sí lo sé: mi ambición o quizá la necesidad de contar todo esto), pero mi verdadero hogar es ese: mi soledad es mi reino. Es dificil de explicar, porque en ocasiones las penas superan a los placeres que esta me proporciona, que suelen ser pequeños y esquivos. Sin embargo, soy incapaz de renegar de ellos.
Por lo demás cada día me siento más seguro con mi tesis ( horas preciosas se acercan) y Ubú no se va de mi mente. Además, los poemas parece que están ahi, llamando a la puerta. Supongo que es hora de abrirles. Otra frase que se me ocurrió ayer antes de dormir ( desconozco de dónde viene esta propensión a pensar de noche: bueno, sí, sí la sé): El destino te está haciendo llamadas perdidas. Es hora de que cojas el teléfono. Como frase es cutre, lo sé. Pero en cierta manera, como individuo yo también lo soy, asi que quedamos empatados.
Jacques, mi querido Jacques
Y Scott Walker ( sí, el de Tilt, The Drift y Bish Bosch) en plan exégeta para Albión:
jueves, 3 de enero de 2013
We, the rolling people.
Tú tienes la culpa, Romain. Me acabas de recordar quien soy, las cosas por las que merece la pena vivir y, acaso, morir. Ayer estaba en la cama, contando hasta el infinito para esquivar el frio ( los pies congelados, la sensación de haber perdido una tarde enganchado al ordenador) cuando volví a pensar en el suicidio, pero ahora de una manera diferente: El suicidio te persigue ¡huye! ¡vive!. Sigo creyendome pesimista, pero ahora se me hace más dificil. Es como si no tuviera tiempo para perderme en como soy o no soy. Quizá en esta parte pecaste de exceso de ambición. Joder, no, nunca aceptaré que puedan existir excesos en la ambición. Escribo esto desde mi oficina, bajo la atenta mirada de mi figura de Napoleón y entonces me doy cuenta: quiero escribir, quiero ser diferente, quiero escalar la montaña más alta y quedarme con la chica más guapa. Lo quiero todo. La sensación que tenía al empezar el año sigue latiendo, como certificando que su promesa iba en serio, haciendome ver las cosas de manera diferente. Siento una energía que no he de negar que proviene de cierta desesperación, de un "todo o nada" un "aquí y ahora". Durante mucho tiempo he sido el chico tímido de la primera fila, el soñador solitario, el amante silencioso. No necesito esas alforjas para este viaje. Necesito construir mi vida como una huida, principalmente de mi mismo, de mis miedos salvajes, que crecen apresuradamente, respondiendo al desafio de este nuevo optimismo. Pero me niego a rechazar cualquiera de mis dos partes, la que me hace despertar y la que me destruye. Necesito a las dos para realizar mi particular canto del cisne. Como decía Neil Young "Mejor arder que desvanecerse". Quiero arder, quiero quemar toda la oscuridad que, real o no, me ha tapado los ojos todos estos años. Estoy en disposición de tomar las riendas, de alzar la voz y decir: aquí estoy. Perdón por haber tardado tanto en llegar. Esa es la sensación, llego tarde, pero aún a tiempo, con prisa por ponerme al dia en mi propia vida, que es la tarea más dificil a la que me enfrento a diario. Porque, lo reconozco, a pesar de toda esta energía, me sigue costando lo más elemental, lo básico, aquello que generalmente no se suele echar de menos por ser obvio. Sueño con adaptar Ubú, millones de ideas vienen a mi cabeza, un espectaculo grandioso, una crítica mordaz, inteligente, un cajón de sastre para mis filias y mis fobias: la televisión, las rubias, el sexo, la filosofía, la popularidad, la soledad, el fracaso, la presión, el dolor, la religión...todo cabe, de todo me siento capaz. Ahora si. Ahora sí. Pero luego me veo en el espejo, en pijama, con, he de reconocerlo, algún kilo de más, fruto de mi pereza legendaria y mis brazos delgados, flojos y lamento no ser algun guaperas de esos que llevan tupé y salen a dar una vuelta con la guapa del barrio. Eso, que debería ser algo sencillo, elemental: poder conocer a alguien, se me antoja endemoniadamente dificil, casi imposible. Y más teniendo en cuenta que ni por mil reinos medievales renunciaré al ideal. De la misma fuente, tienes que rebajar tus expectativas. NO. Mil veces no. Quiero a la chica rubia, a la guapa, a la lista, a la diferente. He imaginado durante noches y más dias de los que recuerdo como te he conocido: unas veces hemos coincidido en mi Fnac, otras paseando por la calle, otras, en alguna escena rara en la calle, de noche, a millas de cualquier civilización, rodeados de extraños que beben y viven su vida como si fuera sencilla. Quizá por ser tan intransigente en mis sueños me veo abocado a la soledad, quien sabe. Pero si de algo tienen que servirme mis sueños es de brujula, tienen que indicarme el norte, mi dirección, de ahí que tengan que ser tan exagerados, tan grandes, para no perderlos de vista jamás. En enero quiero explotar, que la serpiente mude su piel. Estoy por fin a los mandos, tras una temporada larga en el desierto. Sin embargo, en esta travesía he aprendido unas cuantas cosas útiles: se convivir con la soledad, alimentandome únicamente de silencio. Nadie me reclama, nadie me llora, nadie me extraña ni me quiere. He sido capaz de sobrevivir a eso, a la exclusión, a la falta de popularidad, al rechazo, a esas voces en mi interior que decían: estas solo, ella es imbecil, no te quiere, mata, rompe, quema, hiere. Esas voces siguen ahi. Están lejos, pero volverán, por la sencilla razón de que siempre lo hacen, pues tal es su naturaleza. Volver. También he aprendido a ser invisible, a esconderme detrás de pantallas de palabras superficiales, que para mi no significaban nada, capaz de no estar cómodo en ningún sitio, para sentir que cualquier lugar puede ser mi hogar. Lo esencial nunca corre peligro: siempre está dentro de mi, mi debilidad, mi amor, mis dudas. Nunca salen, siempre me acompañan allá donde voy. No puedo escapar de mi mismo. Empieza, lo que decía mi vuelta del exilio, sin saber muy bien por donde empezar, pero con la convicción de que hay muchas cosas por hacer y ganas para hacerlas. En fin, reconozco que este post me ha quedado un poco cursi, pero en una travesía tan larga, son igualmente corrientes los días de sol como las tormentas.
miércoles, 2 de enero de 2013
10, The world is yours
Seré breve. Jodidamente breve. En un arrebato de claridad, me he dado cuenta de lo ridículo de mi post anterior. Siguiendo mi regla de no borrar nada ( excepto aquel mensaje) voy a dejarlo ahí, como prueba empírica de que no me puedo despistar ni un segundo: la estupidez acecha en cada esquina, en cada tarde solitaria y en cada libreta en blanco. Fuera de mi imaginación. Estás expulsada. Estuve a punto de escribirte pidiendote perdón, arrastrándome, tragandome ese orgullo del que ayer renegaba, pero que siempre me pone en pie. Dos noches, tres, llegué a abrir el correo e e imaginar lo que iba a ser mi mensaje: sin dramas, con amabilidad, con ganas de recuperar el tiempo perdido. A la mierda. El tiempo perdido, perdido. Ahora me preocupa más no perder el que tengo por delante, que es mucho, puede que demasiado. Tiraré la llave en el más profundo de los abismos marinos, rodeados de esos peces y bestias desconocidos, que anhelan la luz, o quizá no, quien sabe. Azul. El mar. Mi mediterraneo. Cada vez que lo miro, vuelvo a casa, sin importar la distancia, la ausencia, el deseo y los malentendidos. Vienes corriendo a abrazar mis pies desnudos cada vez que me ves. Pero esto ya no es asunto tuyo. No, ya no lo es.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Memento
Hace días que siento la necesidad de hablar sobre ti. Realmente no sé a qué se debe, pero desde hace un mes no puedo dejar de pensar en tus cosas. A decir verdad, no nos conociamos demasiado, no eramos amigos inquebrantables, ni nos queriamos, pero contigo noté algo diferente, creo que una vez te lo dije. Soy incapaz de tomar la via fácil e intentar enviarte un correo diciendote simplemente: "Perdón. Fui un capullo. Te echo de menos." Podría funcionar, pero mereces algo con más estilo. Y precisamente hoy, de pura casualidad, recogiendo el eterno desorden de mi mesa, he encontrado aquella carta tuya: joder, que ilusión me hizo. Nunca llegué a expresarte del todo lo que significó para mí. Con el tiempo me doy cuenta, que no es que la gente sea rara, mala o envidiosa: Lo soy yo. Yo soy el raro que se encierra en casa, el que cada vez siente menos la necesidad de relacionarse con los demás: sí, sigo siendo ese niño que jugaba solo en su habitación, soñando que alguna vez tendría amigos y una chica que le dijera "te quiero". No era tan complicado. Me da miedo intentar decirte: "hola, ¿que tal estás?", no me apetece ver todo lo que voy dejando atrás: creo que tengo una de las llaves de mi cabeza. No es que no sepa hacer nuevas amistades (últimamente escondo mi personalidad en multiples capas: mis debilidades quedan a salvo) sino que no sé mantener las -pocas, cada vez menos- que me quedan. Por eso no quiero, por mucho que me acuerde de ti, pedirte perdón. Me da verguenza reconocerme en ese paraje desierto que es mi vida: me limito a mirar hacia delante, pero no ilusionandome por proyectos o ideas, no, no hago eso. Miro el futuro simplemente como una huida, una manera de alejarme de esa identidad con la que no me identifico, pero que a veces, toma el control y lo rompe todo. ¿Después? Después solo quedan los escombros, las palabras nunca dichas, y tambien las que se dijeron en un arrebato de celos o miedo o quizá una mezcla de ambas.
Desde que te conocí, aquel ya lejano 10 de diciembre de 2010, he intentado sustituirte, buscando nuevas historias, otros estímulos que pudieran llegar a hacerme pensar que, bueno, en el fondo, tampoco fue para tanto. "¿Ves? Hay más como ella. Eres un tonto." Pues me equivocaba. Joder. Me equivocaba desde alfa hasta omega. Tengo la sensación de que me repito hablando de esto, pero hoy, hoy necesito repetirme. Necesito volver por aquellos caminos, colorear estos paisajes que hoy mueren en blanco y negro, intentar recordar como era tu voz. Para mal, ahora te asemejas más a una construccion de mi mente, seguramente lejana a tu propia identidad. Me da igual. Es mi unico placer, la unica manera que tengo de poder estar cerca de ti. Suena como si te quisiera, y es que, te quería ( lo sigo haciendo, aunque no se bien que forma tiene mi amor ahora) de una forma nunca antes sentida, no prevista. Supongo que para alguien normal ( sin mis miedos, neuras y ataques de pánico ante los apocalipsis) toda esta construcción ideal sólo puede ser fruto de una mente enferma o decididamente triste. Bueno, si un ladrón me pusiera un Smith and Wesson en la sien y me obligara a decidirme entre ambas, aunque dudaría un rato, acabaría por decidirme por la tristeza. Siempre me decido por ella. Nunca me abandona. De manera segura, desde hace seis años. Seguramente sea desde hace mucho antes, pero me atrevo a hacer suposiciones.
Supongo que mi naufragio empezó cuando me dijiste que tenías novio. Sí, lo sé, la mayoría de "amantes platónicos" dejan de serlo cuando se dan cuenta de que su objeto de adoración pasa de sus chorradas. Y lo entiendo. Joder, yo tambien pasaría. Me gustaba pensar en ti como en aquella leyenda sobre Frank Sinatra y Ava Gardner: dicen que Frank cuando la vio entrar al bar donde estaban, le dijo a su compañero de whisky: Voy a casarme con esa mujer. O algo asi. A decir verdad, mis aspiraciones eran mas modestas, no se, me conformaba con repetir aquella noche que se me quedó grabada a fuego en el alma (si estuvieras aqui, te pediría que me pisaras el pie, o que me acuchillaras el meñique para no decir estas cosas tan cursis...). Sea como fuere, el darme cuenta de que me faltaba confianza, dinero e ingenio para llegar a gustarte fue actuando como una especie de veneno: empezaron a molestarme tus bromas, tus comentarios no pasaban de ser el de una chica mona que se cree moderna y todas esas gilipolleces. Obviamente, no era tu culpa, ni tu eras tal y como yo te veía en aquel momento, pero no podía asumir que de seguir así, te perdería y nunca repetiríamos otro 10 de diciembre. Me siento angustiosamente mal por recordar tanto aquel día: viniste a Alicante, recitaste y te marchaste. Pero hoy, revisando esa carta que te he dicho que he encontrado esta mañana, he vuelto a ver aquella hoja en la que me recomendabas música y más música y entonces, como por arte de magia, ha vuelto a encenderse aquella conversación nocturna. La gente me daba miedo y no sabía como reaccionar en situaciones socialmente hostiles, en las que se supone que hay que tener la lengua afilada para marcar el territorio, asi que me refugié en ti. Pero fue mucho más que eso. Descubrí que eras el puerto al que siempre habia querido llegar. Y desconocia la razón. No sabía el motivo, pero necesitaba tenerte cerca y escuchar tu voz entre el alboroto de las demás personas. Me hablaste de las sirenas, de las peliculas de miedo japonesas y me enseñaste tus zapatos de tacón. Entonces, como en una especie de despertar, enseguida llego al momento de la despedida, a ese abrazo demasiado temprano, con el que me tuve que despedir. Fue la primera vez que sentía de verdad un abrazo. La semana siguiente me la pasé llorando, por la sencilla razón de que te echaba de menos joder. Te echaba de menos y quería verte, quería quedar contigo todos los días y escuchar tus historias, y contarte mis miedos y beber hasta tambalearnos y perdernos por las calles de alguna ciudad que no conociera nuestros nombres.
Hay algo en todo esto que me hace sentir horrible, como si las pérdidas que siempre he achacado a los lances de la vida y todos esos rollos, hubieran sido en realidad única y exclusivamente culpa mía. Incluso echo de menos tu último mensaje, en el que me mandabas a la mierda, diciendome que yo no significaba nada para ti (el mensaje no era así literalmente, pero esa era la idea). Mandarte una solicitud de amistad en facebook es arriesgarme a que vuelvan a dolerme estas heridas que trato por todos los medios de esconder a los ojos de todos, sabiendo, íntimamente, que no se pueden curar, que llegará un momento en el que no pueda soportarlo, y de una manera u otra, me deje ir.
Va contra el estilo (incluso para lamentarse hay que tenerlo en cuenta) el decir a quien me refiero, es como si considerara a los demás tan estupidos como para darles la solución del enigma al final de todo el juego. No, no va por ahí, necesito decir tu nombre como una manera de decir en voz alta que quiero volver a saber de ti, que quiero que vuelvas a hacerme feliz simplemente diciendome hola y que me apetece mucho que podamos volver a construir ese castillo que yo, de una patada, como cuando me regalaron un parking que no tenia gasolinera, destrocé.
Adriana, espero que algún día leas esto y que, a pesar de lo idiota que fui, no me gastes demasiado rencor o indiferencia y podamos volver a saber el uno del otro. Cuidate mucho. Un beso.
domingo, 16 de septiembre de 2012
Fun. No se puede vivir sin amor.
El otro día pensaba que estaba bien, e incluso me asustaba ver que todo salía según lo previsto, pero este fin de semana he tenido una recaída, una de las importantes. Vuelvo a sentirme solo y lejano, abandonado de cualquier piedad, de toda posibilidad de comunicación humana. Miro a mi alrededor buscando culpables, como si mis problemas fuesen un abrigo que me muero por tirar a la basura, pero no: el problema soy yo. Soy yo. Mi comportamiento se vuelve errático, lánguido, ridículo. Cada gesto silencioso es en realidad un grito de socorro, una llamada a la calma ( todo esta bien, todo esta bien). Pero esto no es una broma, está pasando realmente. Pierdo el control de nuevo y me siento a la deriva. No es fácil de explicar, pero tampoco siento la necesidad de pedir perdón. No, nunca más. Estoy harto. Harto de tener que parecer, de tener que sonreir cuando no me apetece, de hablar y de callar. En realidad todo me sobra, cuando, friamente, no tengo motivos para ello. Pero eso ya lo sé. De hecho, también sé que ahora, a la vez que estoy tratando de ser sincero, estoy de nuevo mintiendo, dominado por esta manía que me persigue, que convierte mis días en ferias ambulantes de monstruos y mujeres barbudas. Cuando me paro, los fines de semana, las tardes, los viernes, noto un huracán dentro de mi, algo que me arrastra hasta mi propia profundidad. Ya no tiene que ver con traumas infantiles, con novias que no me hicieron caso o con proyectos que no salen bien. Esto es otra cosa. Lucho contra la nada, contra la oscuridad. El pánico a morir, a hacerme daño. Hace unas semanas, aporreando la guitarra (sí, sigo sin saber tocarla) me hice una herida en el dedo con el que rasgaba las cuerdas: al verme la sangre, no quise curarme. La dejé ahí, casi me gustaba sentir el dolor. Como si no me importara. Eso se me pasó cuando empecé de nuevo la rutina. De hecho no sólo volví a mis cosas habituales, sino que fui capaz de entrar en un nuevo ambiente: me apunté a clases de boxeo. No es que sea el próximo Micky Ward, pero por lo menos hago ejercicio y, lo más importante, supero una barrera mental, esa que me impide contactar con gente nueva y someterme a situaciones que no he previsto antes. Cosas tontas, pero para mi, muy dificiles. Aunque no lo crea del todo ni todas las palabras que diga sean verdad, necesito expulsarlas, llevarlas lejos. Algunos días es agotador, realmente agotador ver a un extraño en el espejo, caminar con los brazos pegados y los ojos muy abiertos. No es cómodo darse cuenta de que no soy normal, de que no lo he sido y, posiblemente, nunca lo seré. El oleaje nunca para, jamás se detienen los golpes recibidos por las olas con forma de palabras, pensamientos, sueños, frustraciones, ideales...llámalo como quieras. Sin embargo, no quiero cambiar, quizá con la esperanza de que esta diferencia me lleve lejos, a un lugar tranquilo, sin el ruido de las convenciones y las aparienecias. Ultimamente estoy intentando recuperar mis versiones anteriores, volver a la ilusión que una vez sentí (no es que ahora no tenga ilusión, que sí, sino que quiero volver a "aquella" manera de ver el mundo) y a ese mal carácter. Bueno, esto requiere una explicación. Nunca he abierto la boca para nada, y luego me arrepentía. Nunca sabía como reaccionaba el mundo, pues no me relacionaba con él. Ahora estoy dando pasos en la dirección correcta: hablo y posiblemente cometa errores, pero no es algo por lo que sienta que deba pedir perdón. Me sienta bien recuperar mi pequeña parte salvaje. Una vez se lo decía a Mamá: no quiero que mi vida sea una vida cualquiera. Quiero que llegue cuando llegue el momento de morir, mire atrás y sienta que ha merecido la pena. No puedo llevar demasiadas alforjas si quiero que el viaje sea largo. Por eso no me arrepiento de nada. Me sienta de maravilla ser un poquito salvaje y subir las montañas por el lado que me plazca (normalmente por el lado dificil). Espoleado por mi pasado y por mi miedo, soy incapaz de parar y mirar atrás: vivo en constante huida, sin saber quién soy, hacia dónde me dirijo o que podrán ofrecerme estos nuevos días hacia los que me dirijo con energías renovadas. Acabo este post bastante más alegre de lo que lo he empezado: los exorcismos siempre me sientan bien. No escribo para nadie, ni para gustar, ni para informar, ni siquiera para ser leido. Escribo para mi, para ese unico público que me interesa, el invisible, el silencioso, el que teje las vidas de mil personas locas y las deja caer en el olvido. Para ellos escribo, fuera de tiempo, fuera de lógica, absolutamente incomprendido. Asumir que soy como soy es una labor ingrata, muchas veces dificil y llena de sombras, de días como hoy y ayer en los que parece que estoy perdido, que he naufragado y todo es un desastre. Pero no, hay que seguir remando, remando, puliendo la propia vida como si fuese un diamante, porque en el fondo, esa es su verdadera naturaleza, tan brillante, tan valiosa. De nuevo la revolución fracasada, la pregunta sin contestar, pero ahora convertida en oportunidad. Es un juego. Todo es un juego.¿Ves? No pasa nada si jugando a la rayuela te sales del cuadrado. Puedes volver a entrar. Siempre podrás hacerlo. El otro día perdí mi telefono y con él todos los números de la agenda: una señal inequivoca de cambio. Soy un depresivo con demasiados cambios de humor, pero ¿sabes que? me encanta serlo. Adoro este continuo buscar y encontrar. Lo que hace tiempo se me presentaba como algo terrible, el no tener a nadie que echar de menos, me parece una tremenda liberación ahora. Estoy en plenas facultades, listo para coger las riendas de mi propia locura (destructiva, adorable, creativa, peligrosa, silenciosa, excentrica, triste, genial, oscura, vital, alegre e imprevisible) y viajar muy muy lejos, con o sin compañía al lugar en el que poder escribir mi nombre en el agua. Ojalá el objetivo de mi vida sea lograr ser feliz.
Este es uno de mis temas favoritos recientes: el valle inquietante. Ya lo explicaré otro día.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Panic at the Slaugherhouse
Llegó. La rutina sanadora y todo lo demas, es decir, mis manias-de-septiembre y todos los miedos y pensamientos negativos que deje en el cajon de mi mesa antes de empezar el verano. Me alegra saber que no han perdido ni un poquito de sus energias y estan dispuestos, como siempre, a ponerme palitos en la rueda. Que bien. También, al salir de mi autoimpuesto exilio he vuelto a disfrutar de lo agradable que es ver a otras personas. Digo verlas. Solo eso. Hablar ya es otra cosa, aunque el otro dia fui a cortarme el pelo ( si, al final claudique y elimine esa asquerosa melena que me recordaba a mis tardes de encierro para dar paso a un reluciente look mod con mis orejas tapadas y un flequillo que ya no me tengo que ir apartando a cada paso) y me senti bastante comodo hablando con la peluquera. Me resulto guapa y simpatica, aunque no se si lo fue o si yo la vi asi debido a ciertas carencias afectivas del tipo femenino singular. Me declaro aqui y ahora como el ultimo romantico. Si, joder, todas las demas historias son pura farsa, pura imitacion y manierismo. Lo mio sera algo de cine, como en esas pelis en los que los tios eran tipos duros y las tias divas que nunca se despeinaban. Si. Será algo como eso o si no, quizas lo sea, pero que no rechazo encontrar. Volviendo a la peluquera, me gusto esa sensacion, quiza no esta todo perdido y aun pueda parar el proceso que esta convirtiendo mi alma en una bomba a punto de explotar. Aunque, dicho esto, tambien tengo que reconocer que no se que es lo que realmente se me da mal, si empezar una relacion ( del tipo que sea) o mantenerla. Dependiendo del dia opto por una u otra opcion y dependiendo la persona me apetece empezar, seguir, parar o borrar, como por ejemplo ayer. Y que bien me quedé. Creo que ya comenté que, como cualquier otra persona, tambien tengo un limite y despues de un mes de saludar con "hola! que tal?" sin recibir respuesta ( y gracias a ese maquiavelico invento de facebook de mostrar la hora a la que tus mensajes han sido leidos) entre en mi fase terminal, que es cuando saludo con un "hola?". Hasta aqui, ninguna novedad. Pero...me dije: date el gusto de sentirte poderoso y puse algo asi como: esta claro que intentar ser amable contigo es perder el tiempo. Adieu, que viene siendo el equivalente educado a mandar a tomar por culo a alguien. A veces me da miedo pensar que he entrado ya en esa fase en la que ya no haces nuevos amigos, sino que empiezas a perder los que ya tienes. He sido un panoli que ha esperado muchas veces a mucha gente, pero ahora...ahora ya no espero a nadie. No me da la gana.
Hoy he sentido mi sindrome piscina. Tenia pensado apuntarme a un gimnasio nuevo, pero, oh, sorpresa, he conseguido esconderme en alguna excusilla para quedarme en casa. Lo que pasa es que luego me arrepiento, porque no quiero que mi vida sea asi, en casa pensando en todo lo que podria hacer y no hago, dejando que la excentricidad sea solo una idea, un proyecto irrealizable. No, tengo que correr y tirarme al agua, ya aprendere, ya sea boxeo, como en este caso, ya sea para invitar a alguien a tomar algo, escribir una de esas historias que esperan su turno en mi cabeza o yo que se...otra vez la revolucion que esta destinada a fracasar...pero eso, en el fondo es lo que mas me gusta de todo esto. Ayer mientras esperaba en la peluqueria, me puse a leer a Hemingway y me quede con una frase que decian en la introduccion "nunca quiso pertenecer al ambiente literario, ya que le aprecia que este hacia gala de un esnobismo exagerado, por lo que prefirio ser un personaje de leyenda, como alguien que acaba de saltar de un helicoptero o que ha perdido un combate de boxeo. Bueno, puede que quiza por eso me quiera apuntar, precisamente, a ese gimnasio.
Y como es tarde...me voy. Es fantastico no tener que dar explicaciones a nadie.
Dedicado a la parte malvada y maligna de mi ego, que crea fantasmas y enemigos para mantenerme despierto...Hey man, slow down...
viernes, 31 de agosto de 2012
Comatose but walking still
No se como explicarme: es una mezcla entre hastio por todo y todos e ilusion por la cosa mas pequeña, lo malo es que cuando estoy contento me siento un tanto infantil, como si fuese un crio pequeño que se rie por cualquier tonteria. Supongo que haber pasado el verano encerrado ( porque sentia que eso era lo que tenia que hacer, no lo digo en tono de queja) ha provocado un endurecimiento de mi fobia social. Cada vez me caen mal mas personas por los motivos mas peregrinos. En fin, no se bien que decir, sobretodo cuando no exteriorizo el cabreo o la decepcion anterior, hoy en la calle una de esas chicas-amables-pero-que-quieren-hacerte-firmar de Greenpeace ha dicho cuando pasaba "hola...adios". No sabia si me lo decia a mi. Caminaba muy rapido mirando al suelo, intentando, por una parte huir de una situacion social no prevista y por otra ( la parte comica) entrar en el corte ingles y estar fresquito. A veces pienso ( no se si por aburrimiento o por juego) que tengo alguna especie de sindrome cercano al autismo o alguna cosa asi. Si es verdad que quiza me recreo en el aspecto cinematografico y atractivo de estas cosas, pero no es menos verdad que mi comportamiento no se adapta a los canones normales. No me considero una persona normal ( aunque no se si eso es bueno, malo, horrible o fantastico) sino una que cada dia tiene mas manias ridiculas que puede controlar cada vez menos. Parece que diciendo todo esto estoy pintando un retrato demasiado negativo de mi mismo y, en fin, tampoco es para tanto, simplemente hay dias que llevo la soledad peor que otros y entonces, lo exagero todo hasta limites que pueden parecer demasiado tremendos.
Tengo la incomoda sensacion ( como la mayoria de las veces en las que empiezo a escribir un post) que estoy forzando las frases, recurriendo al truco de hablar sobre escribir para ir llenando lineas y que asi parezca que estoy diciendo algo profundo. Vaya mierda. Lo dicho, mil versiones de mi mismo planean a cada segundo sobre mis movimientos y no consigo controlar ( o por lo menos captar) lo que significa mi propia vida. Me muevo a impulsos, como los salmones ( no se si ellos se mueven asi, pero la imagen subiendo contracorriente me parece bonita) y, como ellos, tambien llegare tarde o temprano a mi destino. Sin embargo, antes de eso, considero que tengo muchas cosas que hacer, y digo bien "hacer", porque cada dia que pasa esa es la unica esfera que me parece posible conseguir: los sentimientos quedan atras y atras, como si ya no me sirvieran por falta de uso. Cada vez mas me refugio en quehaceres solitarios, como pasatiempos y sustitutivos de palabras y quiza caricias ajenas. Estoy aprendiendo a no necesitar a nadie mas, a intentar sobrevivir con lo que tengo en mi interior. Desde pequeñito he tenido ese fallo, o esa forma de ser, asi que no me sera muy dificil. Los demas. El infierno son los demas decia Sartre, creo (aunque yo siempre he sido mas de Camus). Reconozco que he intentado, por unas semanas, rehabilitarme a mi mismo ( en fin, cada cosa que hago tiene ese fin) pensando que mi vida solo tenia sentido en relacion a los demas, y tal y cual, todo muy filosófico. Leia las Confesiones, de San Agustin y pensaba que podia llegar, pasito a pasito a una especie de paz espiritual. Pero eso es una mentira. Mi destino es estar en guerra permanente conmigo mismo, en matarme y salvarme tantas veces como haga falta. En traicionarme, en caer, en inventarme refugios para la lluvia de verguenza. Todo pasa dentro de mi: un barco a la deriva. No tengo destino. No existe. Quiza eso es lo que, aun sabiendolo, mas me cuesta aceptar. Todos queremos volver a casa, a un lugar en el que poder dejar que se curen las heridas, en el que poder gritar nuestro odio al mundo y llorar sin temor a ser juzgados. En ese lugar en el que podemos separar entre nosotros y todo lo demas. Mientras no exista ese hogar, no existe tal diferencia: todo mata, todo hiere, y las salvaciones son bromas sin gracia. Soy fruto de una prisa, de un exceso en la huida, del miedo del pasado y de fracaso que pudiera venir. Aun recuerdo mis cumpleaños en solitario. La cara aburrida del psicologo despachandome en cinco minutos y las veces que nunca les dije a las chicas que me gustaban que, eso, que me gustaban. Siempre termino haciendo referencia a mis traumas infantiles. Creo que deberia empezar a dejarlos atras. No me llevan a ninguna parte. Y no me hace bien recordarlos tan a menudo.
Definiendo mi personalidad. Hoy estaba en mi Fnac, decidiendo que pelis me llevaba a casa para este fin de semana largo ( afortunadamente he acabado mi trabajo estival antes de lo que pensaba y puedo disfrutar de 4 grandes dias de diversion genial) cuando al tener en mis manos "Al final de la escapada" me he puesto a pensar en lo mal que me caen las personas modernas. En serio. Esa manera de llamar a las puertas de la fama me supera. Es como los nuevos revolucionarios. Los gordos. Los que no hacen mas que quejarse a traves de facebook o twitter. Sal de tu jodida habitacion y haz algo. Y cierra la puta boca, joder. Demasiados tacos. Casi lo consigo esta vez, pero no, he vuelto a fallar. El vocabulario, el vocabulario. Aunque quiza, ahora que lo pienso, es esa eterna obsesion por hacer algo, por ese eterno capricho prometéico de cambiar las cosas, de escribir a fuego nuestro nombre en la historia. No, joder (bah, de perdidos al rio) se puede tener una vida plena sin cambiar nada. La realidad es lo bastante compleja como para que puedas sentirte satisfecho simplemente con vivirla: no te empeñes en querer cambiar. Espera un momento...¿de verdad me creo esto que digo? Por supuesto que no. Por cierto, al final he comprado "Al final de la escapada".
Siento que estoy en esa fase de la vida en la que no puedo hacer nuevos amigos, sino perder los (pocos) que ya tengo. Incluso ellos, en determinados momentos, me parecen insoportables. Creo que, realmente, tengo un problema con eso. Espero que septiembre, que no es el mes más cruel ( ese es Abril) me depare una buena racion de rutina para que pueda volver a ver a gente pasear por la calle y volver a imaginar que puede suceder el milagro sin necesidad de tenerlo previsto tres dias antes e incluso, que puedo llegar a sentirme plenamente satisfecho con mi vida y mi juventud. Aunque eso, sinceramente, me parece un objetivo demasiado dificil.
Proximamente pondre fotos de las nubes grises que hoy tapaban el cielo de casa. ¿Señales?
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