miércoles, 16 de enero de 2013

Fake equilibrium

Hoy caminaba solo por la universidad. Pensaba en un millón de cosas, pero especialmente le daba vueltas a una cosa: ¿qué es lo que me lleva a escribir? No es por tener un don ni nada parecido (una de las cosas que mas sinceramente me dan asco son aquellas personas que dicen tener un don para cualquier cosa...en serio, me dan arcadas) ni porque tenga muchas cosas que decir, ya que como es evidente, creo, siempre hablo de lo mismo. No, no van por ahí los tiros. Tampoco estoy en una situacion desesperada, en un limite que me empuje a escribir para sentirme importante o para contar algo. Tampoco lo hago por necesidad, no. Lo hago ( o por lo menos hoy pienso que lo hago) porque me gusta tener el control. Hablo de lo que me da la gana, cuando me apetece. Sin reglas, sin limites, sin nadie que me diga lo que es correcto o no. Puedo inventar amores imposibles, darles forma durante paginas y paginas, y despues matarlos en dos líneas. Puedo viajar, soñar, crear y destruir a mi antojo. Vale, vale: es un poco pedante, en el fondo es lo mismo que la necesidad o el don. Suena igual de pretencioso. Precisamente por eso me gusta. En mi posicion, puedo crear opiniones, crear problemas y proponer soluciones fantasticas. Ponerle a mi vida todo aquello que le falta, vivir esas otras vidas que considero tan mias como esta, solo que mas lejanas, mas ausentes, se podria decir que estan a la espera. Hoy no podré levantar el vuelo, el post es flojo: siempre lo es, pero acudo al recurso facil, a mis penas, a mi lastima, que siempre se repite, para parecer interesante. Otra pregunta: otra sombra que acecha a cada esquina, los demás, o mejor dicho, su opinión, sus pensamientos sobre mi, o quiza su falta de pensamientos, puede que sea invisible, que nadie me necesite...joder, quien sabe. Mientras tanto parece que el mundo no reacciona, que no responde a mis llamadas de auxilio. Es un naufragio ridiculo, mis vicios se meten en los pulmones y no me dejan respirar. Tanta práctica me ha servido para escribir un poema, pero no voy a ponerlo por aqui. No. Para compensar (no sé bien que) un poco de Jeff.

lunes, 14 de enero de 2013

Achtung Sputnik!

Me he quedado más tranquilo, a decir verdad mucho más tranquilo al descubrir que sobre el año 2035 ningun meteorito va a destruir la tierra. Con el tiempo, lo reconozco, me estoy volviendo una persona altamente supersticiosa, casi hasta la estupidez. El otro día me pasé toda la tarde leyendo sobre Thelema, la religión (o el credo o el culto) que creó Aleister Crowley. Más que entrar en detalles, que me importan una mierda, lo que me llama la atención es mi nueva atención en ese tipo de cosas. Bueno, no, quizá exagero. En mi casa no se clavan los tenedores en el techo ni la niebla de la tele me invita a pasar porque ellos ya están aqui. No, joder, no es para tanto. Pero si hay algo que me hastía de la realidad, que me aburre profundamente es esa manía de poner el foco en todas las cosas. A mi me gustan los rincones oscuros, esas zonas de penumbra en las que uno nunca esta seguro de las cosas que conoce, o de si lo que conoce es simplemente un condicionamiento mental o una manía. En ese sentido soy supersticioso: la realidad me aburre. Me aburre mucho. Un montón, colega. Estoy dando vueltas en circulo, no me reconozco. Al hablar de otras cosas que no sean mis propias penas, me siento extraño, como fuera de lugar. No es que sea ajeno a las cosas que pasan: el otro día, por ejemplo, me quedé en casa por un dolor de espalda y vi toda la programación matutina. La teletienda. Espejo público. Ana Rosa. Mujeres, hombres y viceversa. Mariló. Lucha libre. Boris Izaguirre diciendo que era horrible, espantoso (con ese acento exagerado de mierda que tiene) que fueran a echar a dos ancianos a la calle. Ana Rosa les decía que llevaran su caso a Estrasburgo y Mano-Bibi Andersen cruzando las piernas. Que mal rato hemos pasado todos: nosotros aquí en plató y vosotros en la puta calle. Pero no lloremos, hemos cumplido cuatro años en antena. Que grandes momentos. Que pasen los pretendientes. Amadeo se ha comido la boca con Luisi, pero Andrea va a pelear por su amor. Vamos a ver, que no tengo nada en contra del amor en los geriatricos, pero...¿en serio esta mierda le puede interesar a alguen? En fin, con mi bata y mi bastón me indigné joder, me indigné de que nadie se diera cuenta de semejante situación, pero bueno, pueden quedarse con toda la realidad: les regalo mi parte si quieren. Yo prefiero esas cosas que solo puedo verlas yo. ¿Que quizá son más insatisfactorias? Puede. ¿Que serías más feliz siendo tan encantador como marcan los canones? Seguro, seguro que si. Pero, si me preguntan que de que parte estoy, les diré que de ninguna. Yo soy un anarquista, un irreverente, un desobediente, budista a ratos, contradictorio, solitario, perdido, agresivo y encantador. Todo esto es la versión virtual de mi mismo, claro: en el fondo me considero, en lo esencial, una persona aburrida que quiere dejar de serlo. Es una mierda de post. No me sale nada interesante: absolutamente nada, pero parar, dejarlo aquí sería asumir mi fracaso. Tengo que seguir con la esperanza de que llegaré a alguna parte. Esa es la sensación que tengo con mi vida a veces, no sé bien a donde voy, pero quiero llegar a alguna parte, preferiblemente pequeña y soleada, sin vecinos, un rincon escondido de miradas, opiniones y deseos. Me gusta condenarme al fracaso desde el principio, debe ser que tengo una querencia especial por los planes que salen mal. Hay un perdedor dentro de mi que lucha por salir. Me cuesta mantenerlo dentro, pero es muy beatnik, empieza por la barba, por la risa estupida, por la frivolidad, por la pereza: sí, se hará con el control. Estas batallitas no tienen más consistencia que la de una anecdota mil veces oida, no sé porque me empeño tanto en volver a ciertos lugares, es como si no pudiera escapar de ciertos recuerdos. Eso me da miedo, lo asumo, me da pánico no saber evolucionar. Es como esa gente que dice "yo no voy a cambiar". Idiotas integrales. Yo daría mi meñique (mi meñique de las promesas) por dejar de ser quien soy. Por empezar de nuevo, libre de manias, de miedos: quiero ser rubio y partirme un diente, quiero no tener dudas y bailar, invitarte a conquistar el mundo: tu y yo. Perder mi nombre, para que no signifique nada, no tener edad y olvidar todos mis recuerdos, las palabras, las músicas, los versos, las peliculas, los fracasos, los silencios. Querría llenar mi vida de sonidos estridentes, de escaleras que suben y bajan, los pasos freneticos de la libertad. Lo quiero todo y, a la vez, no quiero nada, no quiero atención, no quiero manos que se asomen al pozo ni voces que me repitan que no estoy solo. Dejadme tranquilo en mi mentira, dejadme ir lejos. Suicidio, palabras estupidas. Demasiado tarde para la eternidad. Demasiado tarde mientras siga en una silla, soñando sentado tras una mesa, sin hacer nada excepto pensar las cosas que voy a hacer. Trazo el mapa, pero no recorro el territorio, que esta yermo, vacio, como un desierto. La noche es el oasis de mi vida: todo es posible cuando duermo, todo parece que puede volver a empezar, sin tener en cuenta los errores, ni las ausencias. Pero entonces....ay, entonces, vuelvo a despertar. A veces pienso que las exageraciones son lo único que me queda but now you are gone...

lunes, 7 de enero de 2013

Sandman

Bueno, es dificil empezar un nuevo post, las expectativas y todo eso, ya sabes. Especialmente las expectativas marcadas por mi mismo. Quizá no oigas la voz, pero es un grito, una estridencia constante en mis oidos, una exhortación a esa parte de mi que todos desaconsejan, esa que no se corresponde con como soy de verdad: una llamada a los abismos, que hoy, a pesar de todo eso, me apetece y mucho, recorrer. Ayer me acordé de Inés, posiblemente una de mis ultimas obsesiones rubias ( me siento un tanto Hitchcockiano, pero en fin, no puedo hacer nada). Pensaba en ti, Inés, sabiendo que jamás me volverás a leer. Esto no deja de ser la obra de una persona que naufraga. Quise repensar toda la situación, enviarte una solicitud, saludarte con -sincera- alegría, volver a la normalidad, a aquellos tiempos en los que conversabamos por el ordenador casi todas las noches. Sí, ese recuerdo es un lugar agradable al que regresar, una orilla en la que recostarse y dejar que las olas te mojen el pelo y la ropa, llenandote la piel de pequeñas algas, la arena pegada en las piernas...Pero, ¿y después? ¿sería capaz de sobrevivir a mi mismo? Lo dudo. Todo volvería a tener una intención extraña, alejada de los inicios, condenándome a volver a cometer mis errores. Mejor que no sepamos nada el uno del otro, por más que los recuerdos que, yo, por lo menos, mantengo sean agradables. Hoy no me encuentro especialmente positivo, por más que ultimamente, por una especie de embrujo o casualidad astral, me noto más optimista de lo que acostumbro. Por más que el camino se estrecha y las luces se apagan, cada vez es más evidente el camino, como si pudiera recorrerlo con los ojos cerrados. Puede que vivir se reduzca a eso, a tener tal certidumbre de tus propios miedos que seas capaz de visitarlos de manera automática. Sé que no tiene relación, que no tiene que ver con nada, pero me apetecía decirlo. Un robot. Cada día lo tengo más asimilado, como si repitiendo la mentira, acabara por creermela. Sigue así, pequeño. Keep rolling. Antes me imaginaba llegando a cualquier lugar, no importaba cual y poder descansar, parar y olvidarme de mi mismo. Ahora soy incapaz, tengo prisa, la urgencia me ataca por todos los lados y vuelvo a combatir con mis enemigos de siempre, aunque no les vea las caras, aunque su rostro se pierda en una incómoda niebla. Todo tiene que hacerse ahora, como si supiera que me queda poco tiempo y tuviera que dar testimonio de que mi vida no ha sido en vano, de que no, no, no soy ese chico tonto del colegio...mi regla estaba rota y por eso las medidas estaban mal, pero no era tonto: las chicas salían con los chicos-malos, los que fumaban porros y llevaban moto. Nunca quise ser como ellos, yo era de otra manera, a mi me gustaba la musica, escribir, jugaba mucho al baloncesto por aquel entonces...pero nadie vio la diferencia, joder, nadie se dio cuenta de que yo estaba alli. Y lo estuve por muchos años, esperando, expectante, que alguien abriera los ojos, sencillamente eso, que los abriera. Pero eso no pasó, nunca, nunca y yo me fui encerrando, quise desaparecer para darles motivos, para justificar en cierta manera, esa invisibilidad que sufría a diario. Pasé malos años, horribles, en los que nunca pasaba nada: esa era la tragedia. Nunca pasaba nada. Un dia tras otro, tras otro: las mismas frustraciones, las mismas ilusiones mudas, los mismos movimientos, las mismas calles, las mismas palabras, los mismos deseos. Todo intacto, preparado para otra persona, para los ladrones de mi propia vida. Aun hoy, cuando estoy lejos de todo aquello, estoy convencido de que empecé a morir cuando era un crio, con ocho años o quizá nueve, no lo sé. Puede que fueran doce. El número no es importante: fue esa ápoca de colegio, sin amigos, sin amores, sin compensaciones. No había nada que me permitiera apartar ese foco que es la realidad de mi cara. Sudaba y lloraba, aunque con el tiempo, ya no se notara la diferencia. ¿Excesivamente dramático? Puede, pero hoy no me importa serlo. Hoy los siento a todos muy cerca, a todos los demonios de todos los tiempos, hoy me han atrapado y estan haciendo jirones mi camisa. Y yo los dejo, me gusta verlos ahí, arañando mi piel, mordiéndome hasta el hueso, tirándome del pelo. Me dan lo que me merezco, por haber sido tan complaciente, por no haberme rebelado ante aquella situación, quedándome quieto en un rincón, cuando el mundo al completo era mi reino, por no reconocerme en el espejo o pintar una versión deforme de mi mismo. Sí, he dejado hacer, laissez faire, experimentando con mi propia vida. En algunos aspectos he de decir, sin rubor, que el experimento ha salido mal, que la hipotesis ha sido confirmada: se me da mal vivir. No quiero que pienses cuando leas esto que soy un ser serio o confinado en una habitación. No. Todo lo contrario. Será dificil que me veas contrariado, casi siempre estoy sonriendo, con una broma a punto de ser verbalizada. Pero no te confundas, es sólo una armadura, en realidad estoy lejos de alli, muy lejos, es simplemente una risa desesperada, la risa de aquel que sabe que ha perdido, que no puede cambiar nada y que se limita a esperar. ¿Esperar a que? En mi caso, se que un dia u otro no podré seguir intentando ser buena persona (es quizá una de las labores más dificiles a las que uno ha de hacerle frente), y baje los brazos, reposando en los brazos de aquella que ha estado conmigo durante todos esos años, esa amante celosa que sabe que en un momento u otro volveré con ella: son indiferentes mis intentos, mis engaños, ese pensar que he cambiado, que no lo volveré a hacer...Tonterías. La orilla más cercana al abismo, la más suave, cuando todas las voces suenan lejanas, las esperanzas baldías, en ese momento en el que te das cuenta de que nada merece la pena. Bueno...creo que ahora si estoy exagerando. Antes de llegar a ese punto, tengo un año movido, un año en el que la mirada se vuelve furiosa, inquisitiva, inquieta, ansiosa por llegar a algun lugar, por rasgar el suelo con sus manos, salvaje como un animal encerrado. Aun quedan algunas batallas, y alguna guerra perdida de antemano, pero hay que pelear. ¿Amar? Me gustaría saber cómo hacerlo. Tras la fase inicial, la parálisis, no sé mantener viva la llama de la intriga, del interés: no sé ser misterioso. Por el contrario, cada año me vuelvo más estupido, esa es una de las pocas certezas que tengo el orgullo de afirmar. Idiota. Imbécil. Quizá gilipollas. Sí, todo eso y aún un poquito más. Los días se presentan ante mi con una inquietud casi sexual, tengo que hacer todo en ellos, completarlos, hacer que merezcan la pena. Casi no hay tiempo para comer, eso es accesorio, eso no me ayuda a avanzar. Y leo, mucho, más todavía, recorriendo multitud de kilometros desde mi mesa, sabiendo que merece la pena, no sé bien la razón, pero algo me dice que continue, que esta semilla acabará por florecer, que esto dará frutos en algún lugar y en alguna época, aunque desconozca cual. Me acerco a pasos agigantados a mi destino edípico. Lucho por no ser yo, pero cada paso en la huida me acerca más y más a esa conclusión que he imaginado, despierto y en sueños, tantas veces. Creo que me ha quedado demasiado exagerado, pero exagerar mis propios delirios me parecía la mejor manera de celebrar este post número cien. En fin, cuando leas esto, imaginame tirando confeti en mi habitación en tu honor. Aunque sólo sea por las molestias que te has tomado en prestar atención a este tonto, solitario y cursi chico aburrido.

viernes, 4 de enero de 2013

Paradise Lost

Vuelvo antes de lo previsto. Pero no hay tiempo que perder. Afortunadamente, vuelvo a ver enemigos acechando en cada esquina, esperando mi tropiezo, mi error, para reirse de mi, como lo hiceron años atras. Puede que esa sea la razón que me impide disfrutar de las buenas noticias: ¿un sobresaliente en un master? bien, vale. ¿aplausos antes de empezar una clase? Bueno, no está mal. ¿Una chica me para por la calle para pedirme una foto porque "eres guapísimo"?. En fin, no deja de ser una anécdota curiosa. Nada de eso me vale, porque sigo huyendo de vosotros, de aquellos profesores, de aquellas niñas caprichosas que no me prestaron atención, de las tardes muerto de miedo paseando solo por la universidad, sin conocer a nadie, huyo especialmente de los cumpleaños: el teléfono se vuelve una bestia sin compasión, llamando mi atención con su silencio. Por más que intento no verlo, lo consulto cada cinco minutos, esperando que alguien se haya acordado de mi. No pido ayuda, pero eso no significa que no la necesite. Para. Cállate. Eres demasiado pesimista. Dicho así parece que tu vida es una mierda y tampoco es para tanto. Es verdad, puede que tengas razón, pero no puedo evitar cierta urgencia en mis gestos y necesidad en mis palabras: esto tiene que ser dicho, aún cuando no sé muy bien a qué demonios me refiero al decir "esto". Hablo de mi infancia, de mis deseos actuales, de mi adolescencia escondida, sin decir realmente nada, limitado por una especie de muro o de verguenza, que esquiva lo importante, pero...¿y si no hubiera nada importante? ¿Y si detrás de ese horizonte no hubiera nada? Eso lo veía bien en mis libretas de poesía, que numeraba según el alfabeto griego. En alfa, trataba de identificar el problema, las causas, el miedo, el sufrimiento, la paranoia, la insatisfacción y el enfado. Pero en las siguientes libretas, Beta, Gamma y Delta me fui dando cuenta poco a poco de todo lo que existe detrás de las palabras, de ese desierto que espera ser descubierto. Lo veía todo en ruinas, apenas diferente del silencio, donde lo esencial o mejor dicho los ecos de lo que en un tiempo fue esencial, llegaba a mis oidos. Y esto estaba claro: el enfado y la tristeza seguían ahí, pero ya sin sentido, simplemente como una manera de continuar vivo. Hace tiempo escribí un dialogo entre dos mujeres. La situación había sido la siguiente: en cualquier guerra ( lo imaginé más como diálogo teatral que como cualquier otra cosa) dos mujeres que habían sido torturadas - en una especie de joy division o algo así- se quedaban solas, abandonadas, esperando un rescate que sabían que no llegaría jamás. Solo podían amarse de una manera física, pues habian sufrido tanto que estaban vacias de cualquier tipo de sentimiento. No podían dejar de quererse, pues sólo así podrían seguir viviendo, pero era una situación dificil. De todas formas, creo que lo estoy explicando mal. Cosas de las prisas. Volviendo a mi oficina esta tarde ( el lugar desde el cual escribo mis últimos posts) estaba dando cuenta de un cierto cambio de tendencia en mis filias. Hasta ahora, el ideal estaba representado por una chica rubia, de piel clara, como en las novelas de Raymond Chandler. Joder, si empecé a fumar en pipa por el detective Marlowe...En fin, no quiero perderme, las rubias de color ceniza y ojos azules como rubíes ( no tengo ni idea de como son los rubíes, aunque me temo que no son azules...pero mejor que decir: azul como el mar o azul como el cielo...me dan ganas de vomitar) esas ocupaban el primer lugar en el podio de mis deseos. Pero ayer, precisamente ayer, en mi viaje de vuelta a Alicante, en la linea 24, perdido en una lectura de un artículo de Gay Talese ( sí, "ese" artículo) vi bajar, justo en una parada antes de la mia, a una morena claramente interesante. Estaba de espaldas, con un jersey rosa que le dejaba un hombro al desbubierto, la cinta de su sujetador sobre su piel. Le seguía una minifalda negra, corta, muy corta y medias negras. Sé lo que estáis pensando: pero no, no es la primera (y espero ni la última) vez que veo a una chica en minifalda. Era diferente. La seguí con la mirada mientras me alejaba, viéndola caminar por la calle y feliz por comprobar que el chico que había bajado con ella no le había dirigido la palabra y se alejaba en sentido contrario. El último recuerdo que tengo de ella es verla esperar en el semaforo, con un pitillo recien encendido. Decididamente, esa tia tenía clase. Pero yo, como tantas veces, seguía mi camino, perdiendo toda ocasión de vivir en el mundo real y sirviéndome de esta frustración para escribirlo aqui, lo que no se, si, en el fondo me compensa. Otra cosa es que la vainilla debe dar un paso al frente si no quiere perder su puesto hegemonico en mi corazón, ya que La copa homenaje al chocolate está avanzando a pasos agigantados. Yo vivía tranquilo, construyendo todas mis filias y deseos en torno a rubias y a la vainilla, pero ahora resulta que aparecen Sofía Vergara, Zooey Deschanel y toda esa cuadrilla de morenas igualmente atractivas que, realmente, me hacen dudar. Otro campo son las pelirrojas, pero creo según mis últimas referencias, Christina Hendricks está felizmente casada, así que no es cuestión de ir malgastando energias en labores imposibles. Y todo esto lo escribo con la esperanza de continuar con el ideal, esperando a que alguien me conteste, aqui, exprimiendo el poco talento que creo que tengo como una manera de esquivar el tiempo, de evitar el aburrimiento, sin nada que leer, para entretenerme. Como un juego que no necesita de nadie para poder ser jugado. A veces me pregunto si acaso no es esa la verdadera razón de que escriba. Todo me resulta tan aburrido que me imagino en lugares en los que yo soy el dueño, el rey: todo se hace a mi gusto y voluntad, pero sin grandes objetivos, simplemente como una diversión. Y es que en el fondo, por muchas peliculas que vea, por muchos libros que lea y por mucha musica que devoren mis oidos, sigo considerandome un chico, en lo esencial, bastante aburrido. Y para muestra de mi amor, un botón: P.D.: Puestos a hablar de amores ideales y todo eso y, aprovechando que tengo el día creativo ( cosas de la prisa o de la espera) sólo quiero una cosa: un amor ardiente, doliente, de estos que te matan lentamente, de los que te llevan a la perdición y, de los que sin embargo, no puedes escapar por la sencilla razón de que te encantan. Me hubiera gustado explicarlo con más detalle, pero es dificil teniendo en cuenta que no podría hacerlo mejor que Monsieur Brel:

Au revoir! (Howl)

Tengo prisa, como ya he dicho días atrás. Por lo pronto, me propongo escribir en un mes más que en todo el año anterior. 16 posts. Tampoco es tan dificil. Mi proverbial pereza parece que se aleja, aunque ya sé que no lo hace del todo. A veces me cuesta encontrar temas de los que hablar, ya que siempre acabo hablando de lo grande o lo pequeño que me resulta mi ombligo o, peor aún, hablo sobre lo dificil que me resulta hablar. Estas líneas son un ejemplo claro de ello. O también, ahora que lo pienso, podría hacer mención a mi necesidad creciente de superstición, que es una variante de mi manía o mi falta -fluctuante- de fe. Hoy he soñado algo curioso: me entregaban varias fotografías ( creo que eran cuatro) de mi mismo y en una salía sonriendo, cosa bastante extraña en mi, más que nada porque me cuesta dios y ayuda salir reconocible en una foto. Supongo que le pasará a todo el mundo, pero me veo más guapo por las mañanas, cuando me veo en el espejo que cuando hay que ponerse la careta social para certificar que lo estás-pasando-muy-bien-en-vuestra-compañia. En fin, cosas del directo, supongo. Pues el caso es que esta mañana he buscado en mi libro de interpretación de los sueños cual era el significado de mis delirios nocturnos, cuando no he podido dormir del todo hasta que he escuchado los pasos de mi hermana al volver por la noche. Teniendo en cuenta que las fotos estaban en color y que me las entregaban a mi ( hay que tener en cuenta estos pequeños detalles, ya que la interpretación puede ser muy diferente si, por ejemplo, la foto era en blanco y negro o si era yo el que se prestaba a ser fotografiado) la conclusión era que iba a conocer a alguien especial y, claro, ante ese panorama mi corazón ( agarrense, vienen curvas) no puede dejar de sonreír. Lo reconozco, me conformo con poco. Me vale la expectativa del amor, la imaginación, más que el amor mismo, que no se gestionar. No sé como actuar frente a una persona que me dice que me echa de menos o que me quiere. Simplemente me bloqueo, me traslado a mi infancia, a esos días en los que Cristina pisaba las margaritas que recogía de mi jardín o cuando Merce dejó de hablarme después de haber intentado hablar con ella por la calle (ahora que lo pienso, fue una escena un tanto cómica: ella había salido un poco antes de clase y su casa estaba al lado de la tienda en la que trabajaban mis padres, asi que, por lo general, tomábamos el mismo camino de vuelta. Pues bien, aquel día, la vi a lo lejos, asi que aceleré el paso para poder saludarla. Llegué exhasusto, así que mi cara no mostraba su mejor expresión, a lo que hay que sumar que era un día de frio, por lo que vestía con un grueso abrigo marron y un corro que apenas me dejaba ver por donde andaba. ¡Merce! le dije. Ella se giró, en el mismo instante en el que alguien me decía ¡Isi!. Era mi padre. En mi frenesí por llegar a mi amada, no me había dado cuenta de que mi padre me esperaba en la misma esquina. Entonces, justo en ese momento, Merce se giró, nos vió a los dos y girar la cabeza y huir fue todo uno. Desde entonces, yo perdí dos placeres: que mi padre me esperara al salir del colegio, un lujo no despreciable teniendo en cuenta los pocos amigos que tenía por aquel entonces y que mi amada volviera a dirigirme la palabra). Por terminar con este tema al que me parece que le estoy dando más importancia de la que tiene, sólo decir que vi hace poco a Merce, como dependienta de una tienda de ropa juvenil. Nos reconocimos mutuamente, fruto de miradas, primero casuales y luego furtivas, pero ninguno nos dijimos nada. Supongo que la ocasión de fingir alegría por el reencuentro ( y las consabidas preguntas sobre su vida, obra y milagros) llegará en un momento u otro, ya que, para bien o para mal, soy en cierta medida esclavo de la moda y acudo a esa tienda con cierta regularidad. Soy consciente de que me quedo clavado en pequeños detalles, que los magnifico sin razón, pero cuando el único material con el que uno cuenta es su propia vida a veces hay que exagerar algunos detalles, a fin de resultar (consuelo de tontos) entretenido. Mi infancia y mi soledad son una especie de Escila y Caribdis por las cuales trato de transitar, resultando, por lo general, un fracaso, ya que siempre acabo hablando de lo mismo. Dos polos generadores de energía, pero a la vez de tristeza. Y es que siento una especie de especial morbosidad por mis propios temores y sufrimientos. Me asomo a mis abismos, poniéndome al límite, casi puedo sentir la fuerza de atracción, una especie de gravedad esencial que me atrae a mis epocas tristes. Hoy estoy bien agarrado a no sé bien qué ( bueno, sí lo sé: mi ambición o quizá la necesidad de contar todo esto), pero mi verdadero hogar es ese: mi soledad es mi reino. Es dificil de explicar, porque en ocasiones las penas superan a los placeres que esta me proporciona, que suelen ser pequeños y esquivos. Sin embargo, soy incapaz de renegar de ellos. Por lo demás cada día me siento más seguro con mi tesis ( horas preciosas se acercan) y Ubú no se va de mi mente. Además, los poemas parece que están ahi, llamando a la puerta. Supongo que es hora de abrirles. Otra frase que se me ocurrió ayer antes de dormir ( desconozco de dónde viene esta propensión a pensar de noche: bueno, sí, sí la sé): El destino te está haciendo llamadas perdidas. Es hora de que cojas el teléfono. Como frase es cutre, lo sé. Pero en cierta manera, como individuo yo también lo soy, asi que quedamos empatados. Jacques, mi querido Jacques Y Scott Walker ( sí, el de Tilt, The Drift y Bish Bosch) en plan exégeta para Albión:

jueves, 3 de enero de 2013

We, the rolling people.

Tú tienes la culpa, Romain. Me acabas de recordar quien soy, las cosas por las que merece la pena vivir y, acaso, morir. Ayer estaba en la cama, contando hasta el infinito para esquivar el frio ( los pies congelados, la sensación de haber perdido una tarde enganchado al ordenador) cuando volví a pensar en el suicidio, pero ahora de una manera diferente: El suicidio te persigue ¡huye! ¡vive!. Sigo creyendome pesimista, pero ahora se me hace más dificil. Es como si no tuviera tiempo para perderme en como soy o no soy. Quizá en esta parte pecaste de exceso de ambición. Joder, no, nunca aceptaré que puedan existir excesos en la ambición. Escribo esto desde mi oficina, bajo la atenta mirada de mi figura de Napoleón y entonces me doy cuenta: quiero escribir, quiero ser diferente, quiero escalar la montaña más alta y quedarme con la chica más guapa. Lo quiero todo. La sensación que tenía al empezar el año sigue latiendo, como certificando que su promesa iba en serio, haciendome ver las cosas de manera diferente. Siento una energía que no he de negar que proviene de cierta desesperación, de un "todo o nada" un "aquí y ahora". Durante mucho tiempo he sido el chico tímido de la primera fila, el soñador solitario, el amante silencioso. No necesito esas alforjas para este viaje. Necesito construir mi vida como una huida, principalmente de mi mismo, de mis miedos salvajes, que crecen apresuradamente, respondiendo al desafio de este nuevo optimismo. Pero me niego a rechazar cualquiera de mis dos partes, la que me hace despertar y la que me destruye. Necesito a las dos para realizar mi particular canto del cisne. Como decía Neil Young "Mejor arder que desvanecerse". Quiero arder, quiero quemar toda la oscuridad que, real o no, me ha tapado los ojos todos estos años. Estoy en disposición de tomar las riendas, de alzar la voz y decir: aquí estoy. Perdón por haber tardado tanto en llegar. Esa es la sensación, llego tarde, pero aún a tiempo, con prisa por ponerme al dia en mi propia vida, que es la tarea más dificil a la que me enfrento a diario. Porque, lo reconozco, a pesar de toda esta energía, me sigue costando lo más elemental, lo básico, aquello que generalmente no se suele echar de menos por ser obvio. Sueño con adaptar Ubú, millones de ideas vienen a mi cabeza, un espectaculo grandioso, una crítica mordaz, inteligente, un cajón de sastre para mis filias y mis fobias: la televisión, las rubias, el sexo, la filosofía, la popularidad, la soledad, el fracaso, la presión, el dolor, la religión...todo cabe, de todo me siento capaz. Ahora si. Ahora sí. Pero luego me veo en el espejo, en pijama, con, he de reconocerlo, algún kilo de más, fruto de mi pereza legendaria y mis brazos delgados, flojos y lamento no ser algun guaperas de esos que llevan tupé y salen a dar una vuelta con la guapa del barrio. Eso, que debería ser algo sencillo, elemental: poder conocer a alguien, se me antoja endemoniadamente dificil, casi imposible. Y más teniendo en cuenta que ni por mil reinos medievales renunciaré al ideal. De la misma fuente, tienes que rebajar tus expectativas. NO. Mil veces no. Quiero a la chica rubia, a la guapa, a la lista, a la diferente. He imaginado durante noches y más dias de los que recuerdo como te he conocido: unas veces hemos coincidido en mi Fnac, otras paseando por la calle, otras, en alguna escena rara en la calle, de noche, a millas de cualquier civilización, rodeados de extraños que beben y viven su vida como si fuera sencilla. Quizá por ser tan intransigente en mis sueños me veo abocado a la soledad, quien sabe. Pero si de algo tienen que servirme mis sueños es de brujula, tienen que indicarme el norte, mi dirección, de ahí que tengan que ser tan exagerados, tan grandes, para no perderlos de vista jamás. En enero quiero explotar, que la serpiente mude su piel. Estoy por fin a los mandos, tras una temporada larga en el desierto. Sin embargo, en esta travesía he aprendido unas cuantas cosas útiles: se convivir con la soledad, alimentandome únicamente de silencio. Nadie me reclama, nadie me llora, nadie me extraña ni me quiere. He sido capaz de sobrevivir a eso, a la exclusión, a la falta de popularidad, al rechazo, a esas voces en mi interior que decían: estas solo, ella es imbecil, no te quiere, mata, rompe, quema, hiere. Esas voces siguen ahi. Están lejos, pero volverán, por la sencilla razón de que siempre lo hacen, pues tal es su naturaleza. Volver. También he aprendido a ser invisible, a esconderme detrás de pantallas de palabras superficiales, que para mi no significaban nada, capaz de no estar cómodo en ningún sitio, para sentir que cualquier lugar puede ser mi hogar. Lo esencial nunca corre peligro: siempre está dentro de mi, mi debilidad, mi amor, mis dudas. Nunca salen, siempre me acompañan allá donde voy. No puedo escapar de mi mismo. Empieza, lo que decía mi vuelta del exilio, sin saber muy bien por donde empezar, pero con la convicción de que hay muchas cosas por hacer y ganas para hacerlas. En fin, reconozco que este post me ha quedado un poco cursi, pero en una travesía tan larga, son igualmente corrientes los días de sol como las tormentas.

miércoles, 2 de enero de 2013

10, The world is yours

Seré breve. Jodidamente breve. En un arrebato de claridad, me he dado cuenta de lo ridículo de mi post anterior. Siguiendo mi regla de no borrar nada ( excepto aquel mensaje) voy a dejarlo ahí, como prueba empírica de que no me puedo despistar ni un segundo: la estupidez acecha en cada esquina, en cada tarde solitaria y en cada libreta en blanco. Fuera de mi imaginación. Estás expulsada. Estuve a punto de escribirte pidiendote perdón, arrastrándome, tragandome ese orgullo del que ayer renegaba, pero que siempre me pone en pie. Dos noches, tres, llegué a abrir el correo e e imaginar lo que iba a ser mi mensaje: sin dramas, con amabilidad, con ganas de recuperar el tiempo perdido. A la mierda. El tiempo perdido, perdido. Ahora me preocupa más no perder el que tengo por delante, que es mucho, puede que demasiado. Tiraré la llave en el más profundo de los abismos marinos, rodeados de esos peces y bestias desconocidos, que anhelan la luz, o quizá no, quien sabe. Azul. El mar. Mi mediterraneo. Cada vez que lo miro, vuelvo a casa, sin importar la distancia, la ausencia, el deseo y los malentendidos. Vienes corriendo a abrazar mis pies desnudos cada vez que me ves. Pero esto ya no es asunto tuyo. No, ya no lo es.