martes, 4 de agosto de 2015
Given.
Lo interesante de los sueños es la manera que tienen de ofrecernos otras posibilidades, otras realidades, ya buenas ya malas, sobre las cosas que nos han pasado: en sueños se produce aquella conversación que nunca nos hemos atrevido a tener con esa persona que amamos (terminando en un apasionado beso, o a veces en una mirada mucho más expresiva que cualquier contacto físico) u odiamos (pegando, por fin, ese puñetazo, o dando un portazo o vengando las afrentas o simplemente siendo capaz de decir adiós). El sueño ofrece una especie de segunda oportunidad en el que se puede tener el control sobre el mundo o, por lo menos, se puede maquillarlo o disfrazarlo de manera que nos resulte más agradable. En el sueño veía una foto de Dasha con su marido, un tipo guapo, feliz. Los dos aparecían muy enamorados en el borde de una piscina, mirando a cámara. En una inversión cruel, al despertar he tenido la sensación (durante muy poco tiempo, décimas, milésimas, quizá incluso menos) de que el marido pertenecía al mundo del sueño, y que yo aún podía amar a Dasha y también que ella podía amarme a mi. Pero enseguida he reconocido mi derrota. Me duele menos que el sábado, pero aún siento un pequeño pinchazo al pensar en todo ese amor ajeno a mi, a esas muestras de cariño a las que yo intentaba llegar y que ahora son definitivamente algo inalcanzable. Sin caer en obsesiones -el tiempo curará otra vez este dolor-, aún tengo que borrar esos pensamientos furtivos en los que todo cobra sentido: los viajes, las aficiones, las pequeñas aventuras…no formaré jamás parte de eso y yo que, tonto de mi, pensaba que alguna vez bailaríamos juntos, o viajaríamos juntos, pero no, no, no es momento de lamentaciones, aunque tampoco es momento de pasar pagina, tengo que aprender algo de esto, me tiene que servir de alguna manera. Me queda por lo menos el pírrico consuelo de no haberle dicho nunca "te quiero", por más que en las ultimas semanas estuviera sintiendo algo parecido al amor, cosa que, por otra parte no deja de parecerme algo triste: estar tan lejos, tan ausente, captando solo pequeños reflejos de la luz, pequeños tragos que en este caso, no me dejan conocer el verdadero sabor. Pero basta, basta de lamentaciones, de dar pena, de suplicar ser amado, de ceder mi estabilidad emocional a otras manos, basta de retroceder a un pasado asqueroso del que solo saco basura. Y sin embargo, sin esa basura no soy nada, ahí está todo, en ese naufragio, en esa continua reconstrucción de mi yo, no puedo negarme de esa manera, en los miedos me defino, en mis tristezas está mi identidad, no puedo pensar en un diario de consejos o de ilusiones, eso es muy superficial. Tengo, necesito, que hablar de lo que me duele, porque ahí está la verdad, aquello que puede permanecer más allá de las alegrías o las penas puntuales. No existe nada más allá de esa continua reinterpretación de mi existencia, quizá pudiera optar por una visión mas optimista, y pensar que lo más importante es lo que aún está por suceder, pero eso es un error: convertiría mi testimonio, mi testamento, en ocasiones, en un simple diario. No. No. No. Esto es algo más, tiene que ser algo más importante y quizá al decirlo me condene precisamente al fracaso: no pienses, no hables, no escribas. Niégate a ti mismo y síguenos. Se uno más. No puedo soportar esto. Demasiado corto y demasiado superfluo. Quizá lo más terrible de este estado de animo es que no puede ser verbalizado, estas tristezas, estos retrocesos me dan cuenta de los limites de la razón, hay algo más allá de la tranquilidad de saber que se llega a un callejón sin salida. Y sí, me reconozco triste y no me creo la realidad que pinta la tristeza, aunque cada vez mas siento la necesidad un mundo pequeño para mi, un lugar inaccesible en el que no pueda entrar nadie. "Me haces querer ser mejor", "te admiro", "eres fantástica"…pero que idiota he sido, que idiota tantas veces y con tantas personas…no puedo soportarlo y sin embargo, en un alarde morboso, no puedo quitar los ojos de mi propio fracaso, de todas esas pequeñas muertes que se han llevado todas las chicas a las que he conocido, nunca a un nivel intimo o sincero sino más bien como proyecciones de deseos pendientes de juventud, en ellas he querido vivir lo que no viví en mi adolescencia, cuando, sí, estaba solo y cuando la herida se abrió por primera vez, quizá desde entonces sangrando. Nadie ha dejado huella, todas ellas han pasado por mi vida y posiblemente me han olvidado, creciendo me doy cuenta de que nadie me echa de menos, de que nadie tiene ganas sinceras de verme, Laura, la ultima chica que me rompió el corazón, la enigmática Laura y aquellos paseos por la playa, aquellas noches en vela hablando en la arena hasta las 5 de la mañana, y aquella manera que tuvo de quedarse viendo el horizonte, seria, algo distante, cuando yo le acariciaba el pelo y las mejillas y me decía "no sigas" porque sabía que la última vez que nos veíamos, y había algo de despedida en cada uno de sus gestos, al despedirnos me dio El guardián entre el centeno y una especie de llavero que había tejido ella. No me atrevo a leer la dedicatoria, me duele pensar en aquel ultimo momento, cuando nos abrazamos dos veces y nos pusimos a caminar en direcciones opuestas: yo no sabía lo que vendría después, no, no lo sabía, no sabía que después de girarnos los dos a la vez para volvernos a despedir desde la lejanía, ella empezaría a salir con un amigo mayor que yo, un mulato con el que iba a bañarse a la playa, me lo contaba y me decía que había encontrado una persona especial, una persona con la que se sentía muy bien, quizá ajena a que yo la quería, ajena a que era la primera persona en mi vida que me hacía sentir vulnerable y completamente dependiente. Y entonces dejó de responder a mis mensajes: se conectaba y los leía, pero no contestaba, o quizá ni siquiera los leía, no lo sé. Volví a beber y mi vida era una sucesión de pequeñas derrotas que al final del día siempre me hacían sentir al borde de la lágrima, aunque nunca lloraba, la tristeza no podía limpiarse de esa manera. Engordé por la falta de deporte y por el alcohol y en general me importaba todo una mierda. La universidad, mi tesis, mi futuro, ni siquiera era capaz de leer un libro. La ausencia de Laura se me hacia muy presente, y todo a mi alrededor parecía funcionar a la perfección, la gente era feliz, el amor de las parejas se mostraba ante mis ojos como una burla cruel, era demasiado. Y sin embargo, seguía escribiéndole, deseándole un feliz día, dándole jirones del alma que ella estaba rompiendo con su silencio, hasta que un día no pude mas, sinceramente no pude más, y después de todas esas ideas suicidas y de toda aquella soledad y de la tristeza y de la frustración y del fracaso, decidí despedirme. Me despedí para siempre, y precisamente cuando necesitaba tiempo para olvidarla, volvió. Se iba a Francia, huyendo de su familia, de su madrastra y de su padre presente pero indiferente, se marchaba y no había vuelta atrás. Allí las cosas no le marcharon muy bien, la familia para la que trabajo de canguro resulto ser peor todavía que la suya propia y cuando ahorró lo suficiente, tomo de nuevo las maletas. El día antes de su viaje me llamó por la noche, eran las once. Me alegró muchísimo oír su voz, que era siempre como un susurro a punto de desvelar un secreto, un susurro de miedo, de delicadeza…estaba lejos y yo soñaba con verla, como fuera, en cualquier lugar, pero verla de nuevo, saber si había dejado algo a medias, si, después de todo, era ella la persona a quien había necesitado y esperado todos estos años…me iré a vivir a Barcelona, me dijo. La posibilidad existía, sí, existía, podía soñar con abrazarla de nuevo, con maravillarme de su sonrisa y de su pelo. Pero nunca he cumplido esa promesa. Le dije en varias ocasiones que iría a verla, iré al Primavera Sound a ver a los Strokes, a Mac Demarco, a los Sleaford Mods, a Run the Jewels, sí iré, iré y te abrazaré, te echo tanto de menos Laura, quiero mirarte a los ojos y decirte todo aquello que nunca te dije, decirte que te quiero y que no quiero estar lejos de ti nunca más. Pero no fui. No. Mentí. Y nuevamente, ha dejado de contestarme. El otro día estuve viendo su instagram, que guapa era…que atormentada parecía en aquella época…y ahora parece feliz, posiblemente haya conocido a gente, a otro chico, y me habrá olvidado. Y después de Laura, la nada, la soledad y el silencio, después de Laura,llegó Dasha, pero eso evidentemente, ya es otra historia.
lunes, 3 de agosto de 2015
Frost.
El otro camino. Ahora parece la única alternativa viable, pero durante muchos años he estado dudando que dirección tomar: no sabía cómo tomarme el mundo, de qué manera podía entenderlo mejor. Seguramente la duda se debía a que no estaba lo suficientemente enfadado, a que no había fracasado bastante o a que no estaba lo necesariamente solo que debe estarse para poder empezar de nuevo. Ha pasado muy poco tiempo, pero cuando se ha naufragado tantas veces, el simple aroma del mar hace que a uno se le erice el pelo. Y digo esto sin animo de dar consejos, joder, fuera de toda intención, esto no pasa de ser una mera tinaja en la que vuelco mis malos días, y si estoy escribiendo tantos días seguidos, pues será por algo. Después de la inevitable pena o lamento lastimero (casi rayando en lo patético) sobre mi mala suerte con las chicas y sobre la falta de amor y todo eso, empiezo (solo eso) a atisbar el recorrido que me espera por delante. Por fin siento que es hora de soltar alforjas y viajar mas ligero: a la mierda con la dependencia, con el miedo y con la soledad. Mierda, esto parece un puto libro de autoayuda. No corro, huyo, y ahora lo hago, por primera vez sinceramente enfadado: ya no quiero conocer a nadie, no, a la mierda, sí joder, a la mierda las expectativas, a la mierda las chicas con los buenos culos, a la mierda los "me importas" y a la mierda también los "cuenta conmigo" y los "eres especial" y las palabras cursis y los SMILEYS y esa asquerosa viscosidad que llena mis palabras, la alfombra roja "vamos, úsame como quieras, soy como plastilina. No me quejaré". Estoy harto. Y por fin siento que no dejo nada atrás. Antes por culpa de Yeats me sentía preso del dilema perfección de la vida VS perfección de la obra. O tenia novia o escribía libros. No podía encontrar la felicidad en los dos lugares a la vez. Era demasiado presuntuoso. Arrogante. Ahora, quizá por la decepción, estoy descubriendo que la verdadera felicidad, o por lo menos la mía, no se encontraba donde la estaba buscando. He tardado en comprender lo que me dijo Edith, la psicóloga a la que acudí cuando tenía impulsos suicidas (aquellos cuchillos que fregaba en la cocina justo después de volver de Escocia), aquello de: "cuanto más intentes hacer lo que hace todo el mundo, más infeliz serás. Afortunadamente estás fuera de la campana de Gauss". Pues bien, he tardado dos años no en comprenderlo, que lo comprendí, un tanto halagado (pedantemente halagado, dicho sea de paso) a las primeras de cambio, sino en sentirlo, en verlo de una manera tan evidente que no pudiera obviarlo. Ahora tengo que aprender a dejar atrás esos "impulsos-de-masa", esos pequeños estertores que más que trabajar a favor de rebaño pretenden más que no tome mi propio camino. El porno es un ejemplo claro. Hoy he vuelto a perder y me he obligado a seguir viendo la escena para sentir asco, para transformar ese deseo en algo ridículo y pequeño. Baudrillard decía algo así que lo contrario a la velocidad no es quedarse quieto, sino ir mucho más rápido, hipervelocidad. Es el mismo principio que intento aplicar a mis vicios en general y a este en particular. No quiero ser un beato que le otorga un aura de misterio o de maldad al porno, cascandome pajas a escondidas para sentirme culpable después, pidiendo perdón de rodillas mientras miro al cielo, quiero, por el contrario, banalizarlo, vaciarlo de todo contenido: quiero que sea aburrido, que, incluso, como decía, me de asco. Tengo que conseguir superar esos impulsos, no negarlos, sino utilizarlos para otra cosa. Joder, ahora me estoy poniendo de un freudiano que da grima: la sublimación, y todos esos impulsos sexuales reconducidos para el arte o la creación intelectual. Sea lo que sea el nombre que le de ahora, y reconociendo que no es la mejor de las opciones, por el momento me vale ser freudiano si con eso dejo de caer en la perdida de tiempo y uso esos vacíos para leer (más) o para volver al piano. Ahora, por fin, es el momento de empezar a caminar solo, dejando atrás todo lo anterior. Todo. Tengo muchos miedos, y muchas manías y muchas frustraciones, pero no tengo ninguna necesidad de justificarme ante nadie. Y sobretodo esa sensación de "me falta algo" tiene que desaparecer, tengo que conseguir matar a esa parte de mi que no me deja vivir. Matarme para poder vivir, que curioso. Son pequeños pecados, cosas pequeñas según las costumbres actuales, pero a partir de ahora, las horas de los demás no construyen mi tiempo. No. Se acabó. Si para algo tiene que servirme este verano es para ser completa y absolutamente egoísta, en el sentido de construir una versión de mi mismo con la que yo (y en principio nadie más) pueda estar plenamente satisfecho. En fin, supongo que he hablado demasiado sobre un asunto demasiado pequeño, pero en eso consiste el otro camino, en cosas pequeñas, en esas que nadie ve y que a nadie le importan. Pensando (quizá con demasiada frecuencia) que algún día me voy a morir, no merece la pena vivir con según que tipos de miedos. Claro que se corre el peligro de no ser entendido por la mayoría pero…¿acaso las mayorías, por el mero hecho de serlo, tienen automáticamente la razón?
domingo, 2 de agosto de 2015
Zab Judah.
Hace algunos años, en la primera o segunda época del TDT, había un canal que se llamaba "Marca TV". Los viernes y los sábados por la noche daban un programa de boxeo que se llamaba (de una manera bastante clara) "la noche del boxeo" y lo presentaba un tipo con la nariz tocha que era el que sabía de boxeo y otro medio calvo que era el que manejaba las estadísticas. Eran algo así como los Montes&Daimiel del boxeo. Bueno, el caso es que me aficioné a aquel programa y solía quedarme viéndolo hasta que terminaba de madrugada, a eso de las 2 o dos y media de la mañana. Uno de los combates que más recuerdo fue el de un campeón de Harlem, un tal Zab Judah, que al parecer era la nueva promesa negra de la categoría contra un tal Kostya Itzyu, un ruso con con el pelo cortado al uno y con coleta (sí, al uno y con coleta). Yo estaba en el sofá, con el pijama, aburrido mientras veía al negro moverse como un Alí en miniatura y al otro como Robocop. El resultado, decía el de la nariz tocha, estaba claro: el fenómeno de Harlem iba a apuntarse otra victoria en su camino a la cima. Sin embargo, sin que nadie se lo esperase, el ruso va y suelta un gancho que tumba a Judah. En ese "sin que nadie se lo esperase" también se incluyó el cerebro de Zab, que pareció no haber entendido lo que había sucedido y ordenó al cuerpo que siguiera adelante como si nada hubiera sucedido. El resultado fue que Zab Judah se levantó tan rápido después de haber sido noqueado que se volvió a caer de una manera muy ridícula, temblándole los tobillos en el proceso como los de una modelo principiante que se enfrenta por primera vez a unos tacones de armadillo. Protestó y lloró, como si dijera "arbitro, esto es ilegal, soy el puto Zab Judah, la estrella de Harlem" pero si algo ha quedado para la historia no fue el historial atómico de Zab Judah, ni sus protestas y ni siquiera la coleta outsider del ruso, sino aquella caída ridícula que parecía sacada de un programa de cámara oculta. Recordaba la historia de Judah simplemente como una cosa graciosa que vi una vez por televisión, pero hoy su densidad ha crecido sin avisar. Después de la revelación de Dasha, llegada sin avisar a pesar de las pequeñas sospechas que había estado teniendo algunos días antes, ese "no, fui con mi marido" mientras sostenía a mi perro en brazos para hacerme una foto que enviar a Rebecca y Craig, esa cuenta atrás en mis convicciones sobre el cambio y sobre la sinceridad de mis propias palabras ( el miedo de descubrir a una persona diferente de la que pensaba ser), llegó la caída, el golpe y caí de súbito al suelo. Y como el campeón de Harlem, he cometido el error de intentar levantarme demasiado pronto, antes siquiera de terminar de procesar esa información, de entender esa realidad tan diferente a las expectativas y de digerir todos aquellos pequeños cristales rotos en los que se había convertido (de nuevo) mi vida sentimental. Decidí frivolizar todo lo que pude, "a la mierda", mentalidad porno ON, olvídate de esta derrota, corre hacia delante, huye de nuevo Conejo. Me apunté a Plenty of Fish, esa web para buscar pareja en la que todo el mundo parece feliz y en el que te invitan a cruzar Babilonia con una serie de estudios científicos sobre compatibilidad y definición de carácter. Incluso me esmeré en escribir mi perfil, haciendo hincapié en mis estudios y en mis hobbies, intentando ofrecer una versión brillante de mi mismo. Empece a buscar en las compatibilidades y supercompatibilidades y, sorprendentemente, empece a hablar con una mujer de 39 años que se parecía a María de Medeiros en Pulp Fiction, aunque, cuando se lo dije, me respondió que no era el primero que le hacia ese comentario. Hablamos un poco más, antes de despedirnos y darnos las buenas noches. Al día siguiente encontré que otra chica, de 34 años según el perfil había señalado mi perfil como destacado (o algo así). Le dije "hola" y empezamos a hablar, llegando a entendernos, en apariencia, muy rápido, tanto que incluso me dio su numero de whatsapp. La conversación parecía llegar rápido a los siguientes niveles, si es que pueden definirse así ese intercambio de mensajes. Entonces Judah trató de levantarse demasiado pronto. Ella se llamaba Violeta y, joder, era una bonita ( o por lo menos eso pensaba yo) coincidencia con aquella historia de juventud. La historia era la siguiente: cuando era adolescente y la vida era una autentica mierda, cuando era invisible a los demás y cuando empecé a saborear por primera vez la verdadera soledad, empece a soñar con frecuencia con una chica que me hablaba y que me hacia sentir querido. Tenía edad de soñar con polvos y con pajas y con tetas y culos pero no, yo soñaba con el amor, con sentirme amado, aunque al despertar, la sensación siempre era la misma: No hope, no harm / Just another false alarm Mis primeras poesías, mis primeros escritos estaban dedicados a, o promovidos por, aquella chica imaginaria, aquel pensamiento que me hacia tener esperanzas en un futuro mejor. Aquella mierda tenia que acabar, tarde o temprano acabaría joder y todas aquellas Gemmas, los Adolfos, los Rodrigos y las Sandras y Cristinas serían cosa del pasado. Ella me sirvió para no tirar la toalla y, no se por qué, decidí referirme a ella como Violeta. Nunca repetía su rostro pero siempre había algo que me decía que soñaba con la misma chica. Era agradable tener un refugio, aunque solo fuera en sueños. No era satisfactorio, pero preguntale a un naufrago que opinión tiene del trozo de madera que le sostiene a flote. Pues bien, decidí contarle esta historia (no tan detallada) a la Violeta real, la de la pagina de internet. Al final, de broma, le escribí "ahora es cuando puedes correr sin mirar atrás" a sabiendas de que esa historia podía resultar, de primeras, un poco rara, pero en el fondo bonita. Violeta imaginaria y Violeta real, una bonita casualidad. En fin, me respondió "pues si. No me gustan los rollos raros. Ciao." Desde entonces llevo toda la tarde intentando borrarme de esa pagina, pero no puedo hacerlo antes de las primeras 24 horas (los ricos pagan con dinero, los pobres con datos). A estas horas, creo que ya puedo hacerlo, pero mientras escribo esto, estoy perdiendo el tiempo en un chat, manteniendo conversaciones eróticas cutres lo mas lejanas posibles al intercambio de sentimientos. Sigo deseándole buen viaje y buenas noches a Dasha, incapaz de dejarla así de primeras, porque todo lo que le dije lo sentía de verdad, pero sintiéndome muy idiota a la vez al saber que jamas llegaré a tener nada diferente de lo que ya tenemos, si es que tenemos algo. Soy un idiota engreído que solo se mira el ombligo. Voy a borrar mi perfil de POF. Zab Judah sigue cayendo de una forma de ridícula (parece que baila) en mi mente.
sábado, 1 de agosto de 2015
Amor.
Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí, supongo que, en parte, era por intentar olvidar un pasado del que no me siento orgulloso ni del que guardo un cariño especial. Pero, por alguna razón, este blog, que no es sino otra manera de llamar a mi tristeza, es extrañamente fiel. Quizá he intentado sin éxito engañarme a mi mismo, pensando que había cambiado, o que, por lo menos, era capaz de hacerlo. Pero no. Siempre vuelvo al punto de partida: parece la dinámica habitual en mi vida. Y lo peor de todo es la arqueología emocional que viene después de cada naufragio. Mensajes a Inés y a Laura, intentando retomar algo que posiblemente solo existió en mi cabeza. Me apetecía dejar de huir y simplemente correr, poder respirar, pensar que, bueno, aunque mi vida no iba a ser tan grandiosa como pensaba, no había grandes cosas por las que quejarse. Soy un gilipollas. Y esta asquerosa sensación de vivir en una especie de paréntesis, como esperando algo que nunca llega, con la insatisfacción en los labios, con las poesías que jamas escribo y con el porno actuando como tapadera de obsesiones o tristezas mucho mayores. El alcohol también hace su parte. Llevo cerca de un mes sin beber ni gota: he cambiado las botellas de Johnnie y Tanqueray por la cinta de correr del gimnasio (desconozco si ese aparato tiene un nombre más técnico o más apropiado, pero para el caso, esa información es irrelevante), por la intención de llevar una vida más sana y en cierta manera más plena, intentando disipar la niebla densa que ya no es solo un miedo, sino una realidad. El futuro está aquí y no es tal y como pensaba que seria, cosa que tampoco tiene que ser necesariamente mala: en los días buenos, me gusta pensar que el camino se ha hecho un poco más largo, nada más. Pero, otra vez, me engaño, mis sueños están empezando a parecerse a una especie de Moby Dick inasible, inaccesible, invisible y mortal. Y me descubro a mi mismo mirando culos en el gimnasio, todas esas torsiones y estiramientos, las mallas y el sudor y pienso en qué me estoy convirtiendo, si acaso no he apuntado demasiado alto y ahora estoy cayendo a un fondo desconocido con las alas quemadas por el sol. Bah, demasiado poético. Sigo siendo un caprichoso que no está acostumbrado a que le lleven la contraria o a las cosas "serias" de la vida. Y entonces pienso en qué demonios he gastado todos estos años, estudiando como un maldito hámster, perdiéndome todas aquellas experiencias, todo ese aprendizaje vital que ahora me falta y que nunca volverá. Son cosas sencillas, lo sé, y, joder, no quiero caer en lamentaciones y en el puto tema de siempre de la ausencia de novias, pero cuando había decidido que tú serias para bien o para mal la última, esperaba un final diferente: algo menos directo que lo que he leído. Sentimientos vía mensaje, ni una caricia, ni una mirada, no he tenido nada de eso. He intentado suplirlo con porno y más porno, horas de sueño perdidas buscando el video perfecto, la conjunción de todas aquellas cualidades dignas de ser definidas como secretos, pero al final solo estoy a oscuras en el sofá, buscando "stepmom" o "amateur" o "anal" sin más motivación que la de hacerme daño a mi mismo. Obviamente no voy buscando lo que puede hacerme más daño a sabiendas, claro está, pero no puedo negarme que en el fondo de toda esa soledad existe un elemento nocivo que crece poco a poco. Y no tengo que dejarme engañar por los callejones sin salida que se me presentan cada vez que mi corazón sufre un nuevo golpe. A decir verdad, tengo tendencia a pensar que siempre estoy recogiendo los trocitos que quedan, aquellas esquirlas de cristal que se clavan en los pies y te duelen una semana antes de desaparecer si no se han entrado demasiado a fondo en la piel. Despertar. Huir. Otra vez. Y como siempre, empecé a escribir una novela que dejé a mitad, aunque parecía la definitiva, pero me dan ganas de enviarlo todo a la mierda. Sinceramente. Todo. Una carrera, un mÁster tras otro, haciendo lo correcto, siendo un buen chico, y estoy aquí, en la nada, en un intervalo incomodo, teniendo que aceptar consejos y aguantando las caras de auténticos gilipollas. Pero el idiota, ahora me doy cuenta, he sido yo: esa es la mayor de las derrotas. Me he dado cuenta de que le he estado exigiendo al mundo algo que es imposible de obtener, esperaba que las cosas sucedieran por mera justicia. Haz lo correcto y todo llegará, o algo así. Pero no ha llegado nada. A partir de ahora me verán como el sinvergüenza que no hizo nada, que no abrió la boca en cuatro años. No has aportado nada. Y la historia es algo más compleja: la enfermedad de mi padre, mi depresión que casi me hizo caer en el alcoholismo, el aumento de peso, la baja autoestima, el bloqueo del escritor. Todas eso le aporta matices a la historia, aunque en el fondo, todo eso da igual: nadie la escuchará nunca. Y me quedaré en tierra de nadie, demasiado consciente de lo que me rodea, pero incapaz de producir resultados. Hubo cosas buenas, claro, la experiencia de esqueleto, de ver como funcionaba "por dentro", las clases, joder, sobretodo las clases, las lecturas, las montañas de libros, los viajes. Eso estuvo muy bien, pero he pagado un precio muy alto por eso: creo haber perdido definitivamente cierta estabilidad mental, y aun estoy en el proceso de recuperar mi autoestima, he llegado a pensar que todo lo que hacia era una mierda y que, efectivamente, no valía para nada. Ha habido muchas lagrimas por el camino, mucha, muchísima soledad, incomprensión, incomodidad. En el cómputo general, me llevo más heridas que medallas. Supongo que con los años encontrare la llave, conseguiré desbloquear la situación y pensaré, comparando mi situación actual con aquel pasado acomodado, lo estúpido que fui por no haber aprovechado la mejor oportunidad de mi vida. Bueno, eso es verdad, es un tren que ya ha pasado y no tengo que lamentarme por ello. A veces pienso que la filosofía me gusta demasiado como para vivir de ella, lo que en el fondo es la excusa mas idiota que me he dado a mi mismo en mucho tiempo. Sin embargo, hubo un momento, casi como un destello, en el que todo parecía encajar: volvía a reconocerme en el espejo, la ambición regresaba, quería aprender cosas nuevas y sobretodo, me sentía capaz. El error fue dejar que todo aquel cambio dependiera de otra persona. No es la primera vez que cometo un error como este, pero pensaba que en esta ocasión seria diferente. Romanticismo, todos esos "tú me haces querer ser mejor persona" todas aquellas palabras…no me retracto de ellas, pero ahora se que no puedo esperar respuesta. Sería, claro, muy asqueroso dejar de hablar de repente por el simple hecho de que me has hecho saber que no hay amor posible entre nosotros. Seguiré ahí, tal y como te dije, porque, en el fondo, no he instrumentalizado ningún sentimiento ni ninguna palabra, pero tengo que reconocer que no puedo evitar mirar al futuro de una manera (mucho más) cínica. ¿Todo es una mierda? Pues sí, lo es. Pensaba que las cosas malas le pasaban a los demás, todos esos dramas, todas esas lagrimas, las frustraciones, los puños en la mesa. I've seen this happen in other people's lives, and now it's happening in mine.... El otro día, kilometro 8 en la cinta, esas dos francesas en la planta de abajo con aquellos culos grandiosos, dos mujeres mayores enfrente de mi pedaleando en la bicicleta mientras ven Sálvame y sonríen, en ese momento, empece a darme cuenta de que ahora entiendo todas aquellas canciones que hablan de soledad y de derrota y de crecer perdido, abandonado, corroborando que efectivamente, el futuro que me espera no tiene buena pinta. Supongo que ahora entiendo aquella frase que se me ocurrió después de dejar a Rachel y antes de que Laura me dejara: "Crecer es darse cuenta de que no eres especial".
lunes, 14 de abril de 2014
Broken
Siempre es un misterio saber en qué te vas a convertir. Especialmente si andas poniéndote la zancadilla a ti mismo. Es una pulsión difícil de controlar, algo así como una adición al error, a la huida. Pero no descubro nada nuevo (iba a escribir bueno) con esto. Ya es algo sabido: siempre cuento lo mismo. ¿Qué ha cambiado? Nada. Bueno, algunas cosas, pero no son relevantes. Todas las huidas acaban en un desierto, en una simulación de divinidad. No puedes volver atrás, la única salida, la única esperanza es construir algo. Pero es difícil sin ayuda, es prácticamente imposible. Un proyecto destinado al fracaso. No hay nada más erótico que eso. Quizá el sexo es la culminación de un gran error, de una caída, un ensayo de muerte, pétite mort. Volver a empezar, siempre. Caer, resucitar, algo diferente, matemático, ingenuo y horroroso en cada paso. Algunas lagrimas convertidas en simple agua sin significado, oh vamos, esfuérzate un poco. Edipo caprichoso. Jim Morrison encadenado. Y así, sin decir nada, jugando a Houdini, la gente se va alejando de mi o yo de ellos (esta opción parece mucho más creíble). Un estado de animo imposible de controlar: hoy he vuelto a leer mensajes antiguos de Facebook, de hace dos años: por aquel entonces ya le decía a Rachel que yo era una persona triste. Demonios. Tratar de volver atrás en el tiempo nunca es una buena estrategia, no para mi. La arqueología emocional no se me da bien, me suelo sentir más cerca de un necrófilo que de un romántico cuando releo mensajes viejos y pienso: le vuelvo a enviar una solicitud de amistad? Afortunadamente nunca lo hago, siempre consigo escapar en el último momento a mis tretas. He borrado a demasiadas personas como para arrepentirme ahora. No. No lo hagas. No vuelvas allí. Tu pie ya no encaja en viejas huellas. Un post mucho más corto que los demás, quizá como muestra empírica del bloqueo que sufro. Como un verdadero escritor, la página en blanco me da pánico. Hoy pensaba en la belleza, quizá la única regla que merece ser respetada, tanto en la obra como en la vida: convertir cada instante en un principio, en algo bello. Avanzar a traspiés, cayendo, arrastrando las manos por la tierra, por el barro, con dificultad pero sin detenerse, confiando en llegar a algún horizonte luminoso. Dar testimonio con la propia existencia, vivir, vivir así, es un triunfo, algo pequeño sí, pero importante. El infierno de los demás, que siempre parecen conspirar contra mi, las voces que a veces gritan y otras susurran, esos labios que dicen "fuera de aquí", "no vales" "principiante" ", el adofen y el silencio. Los libros, siempre los libros, como única ventana a otra identidad, a otros verbos y otras pieles. Dejar de ser aunque solo sea por un pequeño momento. Sonreír de vez en cuando y pensar que el mundo está de más: yo sólo quiero estar solo. Y cuando lo estoy llegas tú, otra vez, como tantas veces antes, o quizá por vez primera, quien sabe. Ahora pareces más adulta, más capaz, no tienes intención de largarte y me abrazas y me acaricias: no todo está perdido, pero naufragamos juntos y lo sabes, sí, lo sabes, y me arrastras poco a poco. Tu pelo largo se enreda con mis venas en mis sueños, y tu sangre es mi aire, tus caderas mi respiración. Vuelves a desaparecer, pero solo por un ratito. En las esquinas, escondida, con tu falda corta, como una vulgar Lolita. Y tus ojos azules, tan azules como el horizonte del mar, en la playa, por donde solíamos pasear y hablar durante horas, o quedarnos en silencio por minúsculas eternidades que guardábamos como joyas valiosas. Inventábamos nuestros nombres y yo era Roberto y tu Violeta, para después, volver a ser quienes éramos, cuerpos quebrados por deseos insatisfechos y vicios a penas disimulados. Desaparecías y volvías pura, casi etérea, virginal y redentora. Solo en sueños. Al despertar, ya no estabas allí. Y te he buscado por todos los rincones de mi pequeño mundo, por los largos caminos de mi memoria, y solo ahora, en mi debilidad, cuando casi ya no puedo reconocerte, apareces, para estrangularme con tu amor. Amor. El alfa y el omega de todo. Ya no sé que escribir. Ni tengo lugar en el que esconderme. Pero da igual. Seguiré caminando, alejandome de todo lo que conozco, de las personas que alguna vez supieron algo de mi. Me reinventaré en cualquier otro lugar. En otro tiempo. Y lo contaré.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Rainbows
Afectos fragmentados. Todos los arcoíris han perdido el color. Las palabras se me antojan innecesarias o inútiles. Sencillamente, llego tarde. Y el miedo, el pánico a que nada cambie, a que todo siga exactamente igual, siendo perseguido por las mismas sombras, echando de menos a las mismas personas. Que necesito ayuda es algo incontestable, que sepa como pedirla es algo bien diferente. Sueño con paisajes soleados, con sueños convertidos en realidad, o por lo menos agradables, como los que tenía cuando era pequeño: aquella tierra que nunca volveré a pisar, cada vez mas mitificada según voy envejeciendo: no depende de la edad, depende del ritmo con el que se aprecian los detalles, del ruido del viento y de la presencia ausente de la compañía del silencio. Pero caigo de nuevo en mi error favorito, en encubrir la realidad, en pintarla con colores diferentes, aunque quizá de eso se trata, de una eterna huida de aquello que no nos gusta, esa es nuestra gran libertad: volver hacia atrás en el tiempo para reescribir los recuerdos: por eso me gustan mas que las fotografías, puedo reinterpretarlos, poner en tus labios palabras que jamas dijiste o dibujar mejor la silueta de tu sonrisa. Todo se queda a mitad, las amistades, los amores frustrados: camino entre arenas movedizas, sin poder evitar el deseo de pararme y dejar que todo me engulla. Seguramente no es tan difícil, pero pensar que la vida es maravillosa y que tengo mil y un motivos para sonreír es una solución que se me antoja demasiado idiota y que además, ya intenté poner en practica hace tiempo. No funcionó. Supongo, en una licencia a mi egocentrismo/megalomanía que el no encontrar distracciones terrenales es una señal divina (o de cualquier otra índole pero señal a fin de cuentas) de que tengo que hacer algo importante, algo más grande que mi vida: los demás pueden quedarse con sus objetivos pequeños, con su vida feliz y sencilla, que me dejen apartado como el loco que jamás conseguirá nada, el exagerado. Pero necesito tranquilizar mi alma antes de cumplir el estereotipo: necesito aprender a dejar de amar, aunque eso me cueste la vida. Me resulta odiosa mi propia debilidad frente a la persona amada, la distorsión de todo lo aprendido, la alteración de los valores. Y me es dolorosa la fragilidad de la otra persona, su exposición al dolor, toda esa información intima que se halla escondida (ya nunca más) en su cuerpo desnudo. No quiero conocer los olores, las fragancias del amor, las sonrisas sin sentido y la felicidad. Solo quiero trabajar, encerrarme en un mundo que pueda construir, sometido a mis propias reglas, bien para cumplirlas, bien para quebrarlas, quizá esa sea la única función de una regla, la de dividir el mundo entre lo conocido y lo extraño, distintas geografías con ritmos y paisajes completamente diferentes. Andar por sendas vacías, sin huellas de pasos anteriores, ir más allá del propio lenguaje, aunque eso signifique perder toda posibilidad de comunicación: por eso no somos libres, por eso no nos atrevemos a asumir la libertad, que no es responsabilidad (en todo caso sería compromiso, un compromiso con la realidad) sino aislamiento. El amor es la última cadena que me ata al mundo comprendido, a las esferas intelectuales que puedo asumir, aquí se como funcionan las piezas, y aun así, sigue siendo un completo misterio. Un núcleo escondido, perdido, naufrago y decididamente seductor. El eterno adiós, y es que uno se va despidiendo poco a poco del mundo que le rodea, si es que acaso ha entendido la razón de su propia existencia. En las despedidas se pierden los afectos e incluso los odios, que tienen la tendencia a ser mucho más resistentes: solo queda algo así como un aburrimiento difuso, la convicción (o el intento de tenerla) de que nada es tan importante como parece, una cierta resignación estoica, sí, puede que esa sea la mejor definición, si bien no la mejor, (curioso concepto el de "lo mejor", parece más una dirección que un destino, pero esto es, evidentemente, una idea superficial) de lo que supone vivir. Retroceder para tomar caminos olvidados, para recuperar aquellas opciones descartadas, para intentar una especie de sacrificio en el que tu yo actual se cambia por una versión de lo que pudiste haber sido. Intento buscar el origen, y sé que está en aquellos años, no en los primeros, en los malos, sino en los siguientes, en los que todo iba bien. Algo se torció, algo me afectó más de la cuenta y desde entonces no he hecho más que huir, principalmente de mi mismo. Ahora estoy a punto de hacerlo. Intento mantener la calma, pensar con serenidad, a fin de cuentas estoy "madurando" o dándome cuenta de cosas que antes permanecían ocultas, pero sigo sintiendo esa intranquilidad interior, la convicción de que algo va mal: una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones, o algo así. Supongo que estoy escribiendo por escribir, más o menos como siempre, pero hoy me sentía especialmente distinto, extraño, ajeno: el adiós está más cerca de verbalizarse, de hacerse carne después, para terminar olvidándose y adaptándose a la nueva situación. No es ninguna novedad. Hoy, después de casi un mes, volveré a quedar con A., tomaremos un café y yo no sabré como actuar, perdido en sus bonitos ojos azules. La última vez llevaba shorts, hoy supongo que vestirá diferente. Viviré, durante el tiempo que dure nuestra cita y nuestras respectivas paciencias, una suerte de felicidad o de alta satisfacción. Mis risas serán sinceras, como siempre, y como siempre pensaré que ella es mi salvación. Pero esta es una nota a mi yo del futuro ( de dentro de unas horas): "Ella es la última. Tómatelo como una despedida de los deseos, bebe de sus labios como beberías de una copa y entiende sus manos como el preludio de un atardecer. Después, cuando vuelvas a casa, acuéstate temprano, y vive a partir de mañana la promesa de un mundo mejor, si bien en solitario, lejos de las palabras, de lo innecesario, sumérgete por primera vez y de forma sincera en unos esquemas básicos que te permitan vivir sin demasiada tristeza. Empieza tu camino y deja todas esas frustraciones atrás". Tengo la asquerosa tendencia a hablar como un gurú de la autoayuda, cuando en realidad sé que es prácticamente imposible olvidar ciertos hábitos, ciertas tendencias, ciertos amores. Lo que me hiere es lo que me define.
jueves, 31 de octubre de 2013
Old songs
Demasiado tiempo. Las mismas cargas de siempre y nada parece cambiar. Y nunca acabo de recuperarme de mis propias debilidades, odiando y deseando ser amado al mismo tiempo, encerrado en una incomunicación autoimpuesta que no acabo de comprender, pero supongo que la comprensión de ciertas cosas es un lujo que no me puedo permitir en este momento. Escribo mensajes anónimos de los que luego me arrepiento y hablo de amor con personas recién conocidas, de las que en un par de días me aburro y borro de mis contactos. No me gusta dividirme en tantas porciones, no quiero tener tantas versiones, nunca llegaré a dominar el arte de conocerse a uno mismo. Hoy cocinaba las sobras de ayer: champiñones y un poco de carne picada con tomate y mientras miraba por la ventana, el cristal lleno de gotitas de lluvia, el horizonte nublado y un constante lamento en el césped, me daba cuenta de que ahora, por fin, después de tantos años, estoy en ese punto en el que puedo dejar mis vicios atrás, he sentido una súbita tranquilidad, estar solo no está tan mal, y la religión siempre está ahí, esa especie de relación-acordeón que tengo con ella. Incluso, tras años de jugar al malditismo, de pensar en el suicidio de una manera más o menos artística, de lamentarme por no tener a nadie, a ti, de pensar en la rubia, en la lista, en la idea del amor, puedo permitirme un respiro: me empieza a dar igual. Y es más, volviendo a lo del suicidio (es un tema que siempre ha estado presente en mi cabeza) me he dado cuenta de que no merece la pena ponerme fin tan pronto: hay un tipo de conocimiento que solo se adquiere siendo viejo. Solo por eso ya merece la pena seguir adelante. Quiero hacer mi mundo más grande, aunque a veces me sienta condenadamente pequeño y miserable, pero seguramente he de acostumbrarme a vivir con esta sensación toda mi vida, ese sentimiento de estar al borde del colapso, de esos sentimientos mutiladores que me rodean a diario, unas veces feo, otras gordo, otras excesivamente delgado, otras guapo pero triste, no hay equilibrio, o quizá mi equilibrio sea no encontrar tranquilidad nunca. No se lo que digo, aunque siempre diga lo mismo. Y he cometido errores que nunca pensaba que cometería, como recurrir a antiguos contactos, a esos que despaché de mala manera, por la sencilla razón de que me hacían sentir solo y ahora, esa misma soledad me impulsa a llamarlos otra vez, sin resultados. La música. De nuevo ella es el único refugio. Y no solo por el gusto de un estilo u otro sino porque cada canción es un pequeño cajón en el que guardo intacto algo de mi. Es un placer escuchar ciertas piezas pasado un tiempo y verme reconocido allí: puedo ver lo que veía la primera vez, lo que pensaba, a quien quería, y cuales eran mis miedos. Pero tampoco descubro nada nuevo, es lo que todos llaman "nuestra canción". Estoy un poco oxidado tras todos estos meses, cambiando la piel, buscando una voz, un estilo que nunca termina de llegar, pero eso, la búsqueda es lo que le da sentido al camino, y ahora, en este preciso momento, comprendo (en una de esas enseñanzas que llegan de golpe, sin avisar y sin posibilidad de darles la espalda) que no puedo permitirme esperarte más tiempo. He puesto muchas ilusiones en encontrarte y Dios sabe que lo intenté, que realmente soñaba con el momento de reconocernos después de tantos años, de tantos equívocos, pero sencillamente no ha funcionado: lo reconozco, he fracasado, y me queda el consuelo de por lo menos haber aspirado a lo máximo que podía, incluso tras haber intentado recuperar el contacto contigo, pero he llegado al final del mapa, al error del geógrafo, a esa zona no prevista en la que no hay nada que decir, simplemente callar e intentar averiguar el significado de los silencios. No he sabido amarte, aunque no por eso dejo de creer que puedo amar, y ese sería el verdadero pecado, sentir raptada esa capacidad. Se acaban los espacios, pero empiezan los recuerdos, los anhelos y los deseos que empiezan a limpiarse del lodo de las frustraciones, de ese sexo enlatado del porno, de las perfecciones invisibles de lo desconocido y virtual. Se acaba el simulacro, y solo queda la repetición desnuda. Tras lo virtual, quedan las cenizas, la reliquia del tiempo perdido. El tiempo otra vez. Es hora de perderme en mi propia sombra, y hablar de mi pasado como una leyenda que jamás existió. Quiero empezar de nuevo, sin ti, sin esa versión de mi que me avergüenza, no digo con ilusión (la gente me sigue dando miedo y las manías se empeñan por crecer) pero con una firme aceptación de mi propia realidad. He perdido algo de esa frustración que me hacía escribir con furia, y mis sueños, o por lo menos algunos de ellos, no son tan grandes como solían. En esta tierra baldía todo son ecos que me recuerdan a ti, ya no estás y empiezas a desaparecer poco a poco, cada vez más lejana. En mi memoria, y solo allí, quedará el placer de haberte conocido.
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